El Sol, a cuyo alrededor giran tantos planetas,
no se olvida de madurar un racimo de uvas.

Galileo Galilei
(1564-1642), físico y astrónomo italiano

martes, 6 de octubre de 2020

“Calle Don Alonso el Sabio, …". Placa orientadora

(Continuación) Lo mollar es que tras 172 años llamándose calle Burro pasó a ser la del rey sabio, los que van desde 1713 a 1845, y desde entonces han transcurrido casi otros tantos, 175 en concreto, que son los que lleva la denominación que conserva en memoria de Alfonso X (1221-1284), rey de Castilla, León y Sevilla.

Un monarca cuya historia política se encuentra estrechamente vinculada a la de Sevilla, como se recoge en el lema de la ciudad NO8DO (NO-MADEIA-DO), un magnífico botón de muestra que evoca su fidelidad en los momentos difíciles de su reinado. Lo que está bien.

Plaquita centaura guasona

Lo que no lo está tanto, es la sucesión que tuvieron ambas denominaciones tan contrapuestas y que dio lugar a un juego entre el nombre de la calle y la calificación intelectual del monarca, al decirse popularmente y de seguido, “calle de don Alonso el Sabio, antes Burro” ¿Ve por dónde va la decimonónica guasa sevillana?

Fue la casual casualidad la que hizo que el cambio de nombre, a modo de humorada, llevara un chiste fácil incluido. Uno bien servido que en forma de placa estaba puesta al comienzo de la calle a modo de ayuda informativa-callejera, pero que en realidad mostraba la preferencia de los vecinos por la, digamos, simbiosis del centauro venido a menos. Guasa al sevillano modo. Un vejatorio recordatorio del nomenclátor, al dejar caer a modo de gracieta que el gran sabio era, antes de serlo, un simple burro.

Un acto en principio seguro que involuntario y desnudo de alguna intención maleva, que sin embargo quedó como caricatura, algo inmerecido para alguien de la trascendencia histórica de Alfonso X, el más que culto rey ¡Ah!, la guasona plaquita hace décadas que fue retirada de la pared e ignoro su paradero, quedando a la espera de su ayuda en este sentido.

Un monarca preterido

Un personaje que por su formación -era poeta, deportista, astrónomo, científico, jurista, ajedrecista- y grandes aciertos culturales -entre otros muchos se encargó de extender la lengua a nuevos tipos de textos-, fue un erudito en una época en la que muchos reyes apenas sabían leer, un pionero de la globalización y en definitiva un adelantado a su tiempo.

Por su fracasada campaña por convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, una herencia envenenada de mamá. Y, sobre todo, por su fuerte vinculación con Sevilla, donde tuvo su corte largo tiempo y en cuya catedral está enterrado. Por estas cosas le decía y otras más, Alfonso X el Sabio, merece un mejor reconocimiento callejero que esta céntrica pero pequeña y esquinada calle, tan mal rotulada sobre todo.

¿Para cuándo calle Alfonso X el Sabio?, así de sencillo, seguro que entonces todo el mundo la encontraría en el callejero a las primeras de cambio. O mejor, por qué no una avenida o, ya de la que va, una rotonda con un memorial dedicado a las Tres Culturas, al fin y al cabo. Y ahora que le digo esto caigo en la cuenta de que no le he dicho dónde está la calle. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 




1 comentario :

Anónimo dijo...

No entiendo lo del NO8DO ¿eso no era lo que echaban en el cine antes de la película?