La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

domingo, 21 de agosto de 2016

Skate: deporte, capilla y grafiti (4)

(Continuación) Y a lo segundo ayudó y mucho, la creación de los premios que llevan su nombre. En concreto el de la modalidad de Premio Nobel de la Paz.

Del que dicen lo instituyó a modo de paliativo por los efectos destructivos y mortales, que su invento tuvo en los conflictos bélicos y otros tipos de atentados violentos. Cosas de los humanos, el homo sapiens.

En fin, sobre los nobeles hay algo enrocado, por lo que no les canso.

Y de la dinamita a la pólvora.

De la pólvora
Con este nombre, o el de pólvora negra, se denomina a una mezcla homogénea inflamable constituida, normalmente, por un setenta y cinco por ciento (75 %) de nitrato de potasio KNO3, un diez por ciento (10 %) de azufre S y un quince por ciento (15%) de carbón que, a cierta temperatura se inflama desprendiendo de manera violenta gran cantidad de gases.

La pólvora es un deflagrante -produce una combustión súbita con llama a baja velocidad de propagación, pero sin explosión-, que se utilizaba principalmente como propelente de los proyectiles en las armas de fuego antiguas y, en la actualidad con fines acústicos en los fuegos pirotécnicos.

En su historia parece existir cierto consenso tanto sobre su origen, del que parece fue en China siendo, supuestamente, inventada por los taoístas como poción mágica de inmortalidad.

Como de su distribución, que tuvo lugar a través del Medio Oriente por donde llegó a Europa, de la mano sobre todo de los mongoles.

Y vamos con el tercer vínculo químico, el de la mecha.

De la mecha
Mecha tanto en su acepción de ‘cordón de hilos retorcidos de material combustible que sirve para encender o alumbrar’ como en la de ‘tubo de papel o de algodón relleno de pólvora que se utiliza para explotar minas o barrenos’.

Así que mecha o pabilo, como la cuerda combustible que se halla en el interior de las velas y bujías o en los mecheros que se empleaban para el alumbrado.

O mecha como tubo relleno de pólvora para dar fuego, de forma segura, a un explosivo.

En el ámbito militar, antiguamente se denominaba mecha a la cuerda de cáñamo utilizada para dar fuego a las minas, piezas de artillería, etcétera.

Y hasta aquí el nexo. Por lo que cierro el paréntesis químico, pero retomo el bello edificio neorromántico de la capilla de Santa Bárbara, ya sin finalidad religiosa sino civil pues pasó de lugar de culto a centro de deporte.

Un giro tan insólito como inesperado en su utilidad al que le acompaña un no menos impensable nombre: Templo del Caos.

De lugar de culto a centro de deporte, les decía. O lo que es lo mismo, del oficio de la religión católica a la práctica del skateboarding.

En el 2007, a los noventa (90) años de ser inaugurada como capilla (1917), y ya en manos de particulares, se intentó con ella una aventura empresarial que se truncó probablemente por la crisis.

Pasados unos años, uno de sus dueños, junto con otros fanáticos del skate, decidieron construir unas rampas y convertir el espacio en un skate park. (Continuará)



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