Largo es el camino de la enseñanza por medio de teoremas;
breve y eficaz por medio de ejemplos.

Lucius Annaeus Séneca (4 a. C.-65 d. C.)
, polímata romano

viernes, 9 de julio de 2021

N.º 5 Chanel, la historia de un nombre

(Continuación) Según el perfumista, los lagos y los ríos emitían un aroma fresco y muy perceptible que fueron la fuente de la inspiración. Y si él lo afirma así será, que quien es uno para cuestionarlo. Pero bien pensado, si le soy sincero, en puridad no sé qué decir al respecto porque, por otro lado, me consta que no hizo otra cosa que reelaborar el ‘Rallet n.º 1’.

Una fragancia que había creado para la dinastía de los Romanov, antes de que los bolcheviques acabaran con el zarino imperio ruso. Así que, a saber. En lo que respecta al nombre elegido, existe alguna que otra versión sobre el origen del nombre.

Una historia con lógica y otra que no tanto

La más simple -y por tanto la más probablemente cierta, por aquello de la afilada navaja de Occam- es la que habla de que fue el dígito de la muestra, de las diez que le presentó numeradas el perfumista a la diseñadora, que más le gustó.

En su opinión, un nombre que se alejaba de la pomposidad que tenían otros perfumes de la época y, además, era fácil de recordar pues no necesitaba ser traducido, lo que está bien pensado. Aunque ciertos supuestos exégetas prefieren una explicación más mistérica.

Una que entronca con la pseudociencia de la numerología, en concreto con la simbología del número 5, al parecer el preferido por Gabrielle Chanel que lo asociaba a la buena suerte.

Según esta credulidad, dicho número representa la perfección humana pues cinco son los dedos de la mano, cinco las puntas de una estrella, cinco los bienes de la felicidad, cinco los sentidos, cinco los sabores, bueno ahora son seis, y así ‘ad nauseam cinqueña’.

Ya sabe, no es más que una tontuna ignara como tantas otras, pues sepa que podemos desarrollar un argumentario igual de estulto para cualquier otro número, para cualquiera. Sin ir más lejos el siete.

Y el resto es historia

Más o menos conocida. Con un innato sentido comercial, Chanel extendió la superstición allá donde pudo y le interesó. Desde su propia casa donde, en el techo de una de las habitaciones lucía una lámpara de cristal con las C del logo, la G de su nombre y el número 5 entrelazados.

Pasando por los desfiles de moda, en los que su colección siempre salía en quinto lugar, o el mes en el que se decidió lanzarlo al mercado, mayo, es decir el quinto (5.º) del año. Hasta llegar a que este guarismo es el número de versiones sacadas del perfume, por ahora, y a que cinco es lo que suman los dígitos de este Año del Señor de 2021.

Un año del que ya sabe, para más ‘inri’, es el de su centenario, un múltiplo por otro lado de cinco, un…, en fin, más de lo mismo. Beocias seudocientíficas de ayer, hoy y siempre que dijo uno, o cuando no cabe un tonto más, que dijo otro.

N.º 5 Chanel, cien años de un perfume que sirvió de pijama o no. (¿Continuará?)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 

 


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