El otoño es triste para el que no sabe divertirse.

Céline Blondeau (1985), científica francesa

jueves, 19 de noviembre de 2020

De los nombres de los meses y sus adjetivos (2)

(Continuación) Sólo le recuerdo que la RAE ni puede ni debe dar cabida en su diccionario, a la ingente cantidad de vocablos que surgen cada día y cuya conveniencia es, cuando menos, discutible. Bien porque pierden su vigencia en poco tiempo, o sean términos específicos y especializados del vocabulario científico o técnico, o de uso en grupos sociales específicos, o bien una adopción o adaptación de términos extranjeros. En cualquier caso, prudencia. Ya, pero…

¿Se pueden emplear o no?

El hecho de que una palabra no se encuentre (aún) en el DRAE no significa que ésta no exista (no porque mi nombre no aparezca en un listado donde debería aparecer, no por ello no existo), o no la podamos usar en nuestros escritos o discursos. Esa es la gracia del asunto lingüístico, el pueblo inventa palabras a discreción y es la medida de su uso la variable que le dice a la RAE si incluirla en el diccionario o no.

De modo que el que escribe o habla puede usar esos adjetivos correspondientes a esos otros meses del año, otra cosa es que sea del gusto del que lee, como es su caso, o del que oye o, mejor escrito, del que escucha. Que sabido es que no es lo mismo la acción de escuchar que la de oír, como tampoco las de hablar y decir, o mirar y ver.

De ahí mi pasada octubrinas y las futuras, Dios mediante, enerinas, febrerinas, juninas y julianas ¿julieras?, aunque estoy convencido que Él tiene poco decir en este asunto como, por suerte o desgracia, ocurre en tantos otros relativos a las cuitas humanas.

De los dos primeros meses, hasta donde he podido averiguar, no he encontrado adjetivos que sustituyan a las expresiones “de enero” o “de febrero”, sirvan de ejemplo ‘Amanecer enerino y ‘Anochecer febrerino, ni tampoco las variantes ‘eneriano/a’, ‘enereño/a’, ‘febreriano/a’ o ‘febrereño/a’, probablemente porque no suenen muy bien o por falta de costumbre. Vaya usted a saber.

Que no es lo que ocurre con el mes de junio -del que recuerdo haber leído, lamento no poder decirle dónde, la expresión ‘las fiestas juninas’, que me gusta y lo veo apropiado-, y con el mes de julio y la expresión calendario juliano, que como bien sabe no hace referencia al mes sino a Julio César, el general y político romano que puso en práctica dicho calendario en sustitución del antiguo calendario romano. Por otro lado, no me suena de nada el adjetivo juliero/a, pero qué sabré yo que no soy más que un químico. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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