El miedo a las alturas es ilógico.
El miedo a caer, por otro lado, es prudente y evolucionista.

Dr. Sheldon Cooper, personaje de ficción de la serie The Big Bang Theory.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Relatividad y GPS

(Continuación) Como seguro saben, este sistema de posicionamiento global (GPS) permite conocer la posición de un cuerpo cualquiera (persona o vehículo), en cualquier lugar del planeta y con una precisión de hasta centímetros, si utilizamos GPS diferencial.

Una posición que se determina mediante una red de dos docenas (24) de satélites artificiales que están en órbita, con trayectorias sincronizadas sobre la Tierra y a unos veinte mil kilómetros (20 000 km) de nosotros.

Y con cuyos datos -junto al método matemático de la trilateración, una especie de triangulación-, se pueden saber las posiciones relativas de diferentes objetos.

Bueno, pues esta relatividad general de hace cien (100) años tiene algo que decir sobre los imprescindibles datos que nos mandan los satélites. Un algo que ayuda a mejorar su precisión localizadora.

Sobre los satélites GPS les digo, pero sobre poco más. Hasta donde he averiguado, apenas hay aplicaciones tecnológicas que se deriven de ella.

Estamos ante una teoría que tiene poca tecnología asociada a ella.

Así que la relatividad einsteniana puede ser un buen ejemplo de la importancia que, per se, tiene la investigación básica teórica, independiente de las posibles aplicaciones tecnológicas que en el futuro nos pueda traer.

Un argumento más en esa vieja disputa entre físicos teóricos e ingenieros, y que de forma tan divertida plasma el físico teórico Sheldon Cooper de la serie The Big Bang Theory, al manifestar que los ingenieros son los Oompa Loompa de la ciencia. Ya saben quiénes son.

En fin, The Big Bang Theory es una buena serie de humor, de humor científico.

Concluyendo.

1915 es el año en el que se promulga una teoría que muchos expertos no han dudado en calificar de bella, elegante y eficaz. Una que nos ha llegado formulada y desarrollada de una única mano.

La del hombre que por aquel entonces, aún no tenía la cara bonachona y la mata de pelo revuelto.

Un ser único porque miraba como todos, pero veía lo que nadie.

Un científico como pocos, porque utilizó la intuición más que los datos.

Y un genio que dio más primacía a la imaginación que al conocimiento. Es lo que tiene ser especial.

Desde entonces Albert Einstein (1879-1955) encarna al mito del genio solitario, esa idea que no alcanzo a comprender, por qué tanto gusta en Occidente. Y tengo para mí que lo más probable es que sea el último gran científico en hacerlo.

No parece que las tendencias de los nuevos tiempos, propicien el resurgimiento de figuras como la suya. Ni que éste sea un buen marco para hacérselo ver, por lo que les dejo.




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