Yo no uso drogas, mis sueños ya son lo suficientemente horribles.

M.C. Escher
, artista neerlandés (1898-1972)

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Línea del tiempo de la TRG, 1919

(Continuación) Les dije lo de mindundi ayer, en relación con el físico teórico británico Paul Dirac (1902-1984), porque no fue poca su contribución científica en la primera mitad del siglo XX. Abro un inciso.

Sobre todo lo hizo en el desarrollo de la mecánica y la electrodinámica cuánticas, donde resultó fundamental. Gracias por ejemplo a su ecuación, la ecuación de Dirac, supimos cómo se comportan los fermiones, que es como predecir la existencia de la antimateria. Lo que no es poco.

Y ya que les comenté lo del nobel de 1933, justo es decir que lo compartió con Erwin Schrödinger, “por el descubrimiento de nuevas formas productivas de la teoría atómica”.

Y cierro el inciso y retrocedo a cuando y donde estábamos.

1915 (diciembre)
El día 2 en concreto se publicó la Teoría de la Relatividad General (TRG).

Llevaba por título Die Feldgleichungen der Gravitation (Las ecuaciones de campo de la gravitación) y a decir verdad su publicación, en un principio, no tuvo excesiva repercusión fuera del ámbito académico.

Y es que era muy difícil de entenderla desde el propio punto de vista científico. Y muy raro todo lo que se desprendía de ella, desde el mismo y común sentido común.

Por ejemplo, y para que se hagan una idea, decía que la luz debía desviar su trayectoria por la atracción de la gravedad. Ya verán ustedes qué barbaridad. Cuando todo el mundo sabe que la luz se mueve en línea recta.

No, eso no podía ser. Mejor dejarlo de lado.

Hubo que esperar hasta al eclipse solar de 1919. Y entonces sí. En ese momento Einstein pasa de ser un físico conocido en el mundo científico, a ser reconocido por sus compañeros y, con el tiempo, a convertirse en toda una celebridad mundial.

Mas el reconocimiento no vino de la noche a la mañana.

No en vano se cuestionaba a la vieja, familiar y conocida gravedad que hasta ese momento, el intocable Isaac Newton había explicado de forma tan suficiente y correcta a pesar, eso es cierto, de unos flecos sueltos que había.

Pero en esencia, no. No lo tenía fácil la nueva teoría gravitacional.

No es que vaya a poner negro sobre blanco que esta relatividad, en sus inicios, fuera un campo marginal y casi esotérico. No voy por ahí. Sin embargo es bien cierto que cuando Einstein empezó a trabajar en ella, casi nadie pensaba que fuera a encontrar algo de trascendencia. Esa es la verdad.

Es más, cuando la presentó en 1915 pocos, muy pocos, se la tomaron en serio. Después sí.

1919 (mayo)
En 1919, cuando la expedición del afamado astrofísico británico Arthur Stanley Eddington (1882-1944), demostró la curvatura de la luz en presencia de un campo gravitacional.

Fue la primera de las predicciones relativistas que se verificó.

Un éxito incuestionado, incuestionable y espectacular que no obstante, incluso así, sólo fue algo que interesó a un grupo reducido de especialistas, supuestamente expertos en la cuestión.

Y no fue hasta la segunda mitad del siglo XX cuando la teoría se hizo visible del todo.

No sólo porque se convierte en el basamento teórico sobre el que se cimienta la nueva forma de comprender el Universo. Sino porque empieza a tener una cierta influencia predictiva sobre la tecnología.

Con posterioridad, determinados estudios llevan a la conclusión de que es necesario tener en cuenta la Teoría de Relatividad General, a la hora de realizar los cálculos para ajustar la precisión de los GPS.

Sí de los GPS, ha leído bien. (Continuará)




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