La ciencia no sabe de países, porque el conocimiento pertenece
a la humanidad y es la antorcha que ilumina el mundo.

Louis Pasteur, científico francés (1822-1895)

jueves, 26 de julio de 2018

Otros termómetros clínicos. Perkins, Benzinger y Phillips

(Continuación) Un aparato que según publicó en Medical Thermometry medía, aproximadamente, 6 pulgadas (15 cm) de largo, de modo que un médico lo podía llevar metido cómodamente en un bolsillo de su bata y era capaz de registrar la temperatura en tan solo cinco minutos (5 min).
Después lo sustituyó por otro de tres pulgadas (7,5 cm) que acabó convirtiéndose en el prototipo de los termómetros clínicos de mercurio. O sea que bien también por el británico Allbutt.
Otros termómetros clínicos
Unos dispositivos que a mediados del siglo pasado empezaron a ser sustituidos por el termómetro clínico electrónico, inventado en 1954 por el dentista militar estadounidense George T. Perkins, que presentaba la novedad de no necesitar ser cogido con la mano pues bastaba con agitarlo e introducirlo debajo de la lengua durante sólo cinco segundos ¿Les suena?
El siguiente paso lo dio el fisiólogo alemán-estadounidense Theodor H. Benzinger, experto en biotermodinámica, ciencia que estudia las variaciones térmicas corporales, quien inventó el termómetro de oído en 1964.
La idea le vino a partir de una pequeña sonda que había diseñado para estudiar cómo el cuerpo mantiene su temperatura. Y es evidente que el tímpano es una buena zona para detectar la temperatura corporal porque está muy cerca del hipotálamo, que actúa como el termostato del organismo humano.
Sin embargo no fue hasta 1984, cuando el médico y prolijo inventor David Phillips desarrolló el termómetro de oído infrarrojo, que en todo el mundo está considerado el estándar para tomar la temperatura central de un cuerpo.
Del mercurio a lo digital
En la actualidad y desde el pasado 10 de abril de 2014, están prohibidos los termómetros de mercurio, basados en la capacidad de dilatación con la temperatura que algunos líquidos tienen al estar contenidos dentro de una columna de cristal graduada.
Sustancias entre otras como aire, agua, alcohol o mercurio, si bien solo éste por su toxicidad junto al metal cadmio (Cd), tiene prohibida su presencia en cualquier dispositivo medidor, así como en pilas y baterías.
De modo que ni termómetros ni otros instrumentos destinados a uso industrial -como barómetros, higrómetros, manómetros, esfigmomanómetros, extensímetros que se utilizan con pletismógrafos, tensiómetros y otras aplicaciones termométricas no eléctricas- se podrán utilizar ya, dado el riesgo que representan tanto para la salud humana como para el ambiente.
No en vano el mercurio está considerado uno de los diez productos químicos que más preocupan por su insana influencia en la salud pública. Una prohibición que como consecuencia ha extendido por decreto ley, el uso de los actuales termómetros digitales.
Unos aparatos que a diferencia de la expansión de un líquido, funcionan analizando la radiación infrarroja (IR) emitida por el cuerpo humano, y que al depender de una señal eléctrica realiza la medición en menos de dos segundos, incluso a distancia, y mostrando la temperatura en un visualizador.
Aunque he ido dejando algunos flecos sueltos que habrá que hilvanar, hasta aquí llegan, al menos por ahora, estas entradas relacionas con el 98.6 musical.
(‘Hey 98.6 it's good to have you back again, oh  /  Hey 98.6 her lovin' is the medicine that saved me  /  Oh I love my baby).
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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