La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

martes, 3 de noviembre de 2015

Álgebra moderna y Boole (1)

(Continuación) Y lo hacen a lo largo de los siglos XVIII y XIX en Europa, donde cuerpos disciplinares como la lógica, la matemática y la filosofía, estrechamente vinculadas entre sí, son campos de conocimiento muy cultivados.

Un sistema matemático, el álgebra moderno, en el que solo existen el cero (0) y el uno (1) y cuya publicación más importante data de 1854, bajo el nombre ‘Investigación sobre las leyes del pensamiento’.

Un trabajo que a pesar de su importancia implícita y las importantes consecuencias derivadas (sin él hoy seríamos incapaces de realizar la menor tarea de programación), pasó del todo desapercibido.

Entre "padres"
Lo estuvo hasta que setenta (70) años después, fue rescatado del olvido por un ingeniero electrónico y matemático estadounidense. En concreto por Claude Elwood Shannon (1916-2001), él sí que advirtió su auténtico valor potencial.

Elwood un hombre del que diremos por ahora que está considerado como “el padre de la teoría de la información” y es autor del concepto entropía de la información. Lo dicho de “padre” a “padre”, uno de la computación el otro de la información.

Volviendo al álgebra de la lógica, y a ese engranaje tan básico como es la distinción entre sí y no, iterarles que ella es la raíz básica y el sustento matemático de la programación actual, por más compleja que ésta sea.

No en vano todos, todos los motores de búsqueda se basan en unos principios de lógica, ideados por este matemático. Un adelantado a su tiempo, a qué dudarlo.

Tanto que sus aportaciones no fueron reconocidas en vida, pues no llegarían a tener sentido para la mayoría de los mortales, hasta más de un siglo después de que falleciera. No fueron reconocidas, si bien sabemos que resultaron decisivas para el desarrollo de este gigantesco y tecnológico buscador.

Cuando entramos en Google, tecleamos lo que buscamos y pulsamos la tecla <ENTER>, sepan que estamos poniendo en marcha un poderoso mecanismo de búsqueda, que empezó controlando un tal George Boole, hace ya muchos años.

En fin. Creo que es palmario, que nuestro homenajeado de hoy no fue un matemático al uso. No. Y no lo fue desde pequeño, vamos desde que era sólo el hijo del comerciante.

El hijo del comerciante
Porque sus orígenes fueron humildes.

Su padre era un modesto comerciante que, eso sí, profesaba un inusual y gran amor hacia las matemáticas y la lógica. Un sentimiento y unas disciplinas que supo transmitir a su hijo que, no solo las heredó, sino que las cultivó de forma destacada.

Bueno, en realidad, su inteligencia le permitía al joven George destacar en varios campos, sean estos de la ciencia, el arte o la religión.

Siendo un adolescente, con apenas quince (15) años, parece ser que hablaba aparte de inglés: alemán, francés, español, italiano y por supuesto latín. Un inusual manejo de lenguas con las que fue capaz de leer una gran variedad de teologías cristianas.

Unas lecturas que unidas a su asombrosa facilidad en el manejo de los números, le llevó a una atípica comparación, amén de pergeñar un curioso vínculo con la religión.

Ni más ni menos se le ocurrió unir un concepto de este mundo no físico, con uno del mundo físico.

El Boole religioso
En concreto comparó la Santísima Trinidad cristiana (Padre, Hijo y Espíritu Santo o Paráclito) -ya saben tres personas distintas y un solo Dios verdadero-, con las tres (3) dimensiones del espacio. (Continuará)




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