viernes, 18 de septiembre de 2026

‘Premios Ig Nobel’, 2026. BIOMECÁNICA

(Continuación) Y tras provocar a serpientes venenosas de manera deliberada, a fin de saber por qué muerden -sí lo hacen cuando se sienten hostigadas, nunca lo hubiera pensado, ¿verdad?, menos mal que están estos premios que reconocen el mérito científico de tan útiles estudios- pasamos al siguiente no menos apasionante, insólito y bizarro pero no sin antes decirle que este artículo fue retirado por maltrato animal.

Premio Ig Nobel de Biomecánica

Otorgado a un equipo de científicos por, a ver cómo se lo digo que no suene raro, elaborar una definición más precisa o científica del beso, sí ese familiar y cotidiano acto que no pocos podrían pensar relativamente sencillo de definir.

Para unos algo así como presionar los labios contra alguien o algo como muestra de afecto, amor o saludo; una acción que implica “labios prominentes y movimiento de succión” para otros pero, ya sabe, no todos somos iguales y nada es como parece.

Es lo que pensaron Matilda Brindle, Catherine Talbot y Stuart West de Reino Unido y EE. UU. para quienes los besos son “interacciones no agonísticas que implican un contacto oral-oral directo e intraespecífico, con cierto movimiento de los labios o las piezas bucales y sin transferencia de alimento”.

Sí, ellos han ido más allá en el ámbito de los besos y, aunque pensemos en ellos como “algo muy humano”, consideran que no estamos solos en el reino animal, de hecho, lo estudiaron en diferentes especies animales que “parecen” besarse: hormigas, aves, perro de la pradera, osos polares y, claro, seres humanos.

Y sí, coincido con usted, más que definición se trata de una descripción técnica, inherentemente poco romántica del beso y por así decirlo menos antropocéntrica, pero es lo que toca y a la que sus autores le han sacado provecho desde el punto de vista evolutivo.

En su informe los autores concluyen entre otras afirmaciones que la mayoría de los simios grandes practican algún tipo de beso, si bien carecían de datos para determinar con qué frecuencia lo hacen, por ejemplo, monos y simios afro-euroasiáticos.

Por el contrario, los gorilas orientales parecen haber perdido esa característica evolutiva en algún momento y, respecto a nuestros antepasados apuestan porque los ancestros de nuestra especie ya practicaban esa costumbre con los neandertales.

Además, señalan que existen pruebas indiciarias de que besar en un contexto sexual puede aumentar el éxito en el apareamiento y que todas las especies en las que evolucionó el beso también utilizan la acción de la premasticación.

Un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, cinco besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso. El amor según Pitigrilli. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 


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