sábado, 20 de junio de 2020

‘La mariposa de Chuang Tzu’ (y 2)

(Continuación) “Pero poco a poco se fue acostumbrando, aprendiendo a dejarse llevar por las corrientes de aire y desplazarse más cómodamente de flor en flor. La mariposa que una vez había sido Chuang Tzu enseguida aprendió también a libar las flores con su trompa extensible, y descubrió que el néctar era embriagador.
Fue en uno de esos momentos, mientras se deleitaba con él, cuando descubrió aterrada que, a sólo un paso de ella acechaba un enorme camaleón verde, inmóvil cual estatua y hambriento. Como es sabido de todos, si hay algo que produzca pánico a un lepidóptero es precisamente un reptil, de ahí que se quedara muy, muy, quieta, conteniendo la respiración y sabiendo que su vida pendía de un hilo muy, muy, fino”.
Una historia completa (segunda parte)
“Sabía que para el camaleón, que no nunca había sido Chuang Tzu y la vigilaba con el ojo izquierdo atento a su más mínimo movimiento, ella no era más que comida, así que el momento más que delicado era vital. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, llegó un ruidoso abejorro al que el camaleón le dedicó la mitad de su atención con el otro ojo, el derecho.
Y la mariposa supo que tendría una oportunidad de salvar la vida, aunque ésta solo duraría menos de una décima de segundo. Justo el tiempo transcurrido desde que el himenóptero, que tampoco había sido nunca Chuang Tzu, haciendo el mismo ruido que una avioneta perdiendo altura se posara cerca del camaleón, y éste disparara su larguísima y pegajosa lengua a la velocidad del rayo, atrapándolo.
Entonces, y solo entonces, la mariposa desplegó sus alas y una ráfaga de viento la arrastró fuera del alcance del camaleón. Su diminuto corazón latía desbocado mientras buscaba un lugar seguro donde refugiarse y descansar, y que encontró en una cómoda hoja de junco a la orilla del lago donde se quedó dormida.
Fue cuando la mariposa que una vez había sido Chuang Tzu, quien soñaba que era una mariposa, soñó que era un hombre, Chuang Tzu, y ya no sintió miedo del camaleón, pudiendo dormir sin temor”.
Y de la mariposa -protagonista junto al sueño y el hombre del minicuento que está considerado como uno de los primeros-, a otro animal que también en un entorno onírico, protagoniza al, quizás, más conocido de todos los relatos hiperbreves, el que lleva por título ‘El dinosaurio’.
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