El pensamiento no es más que un relámpago
en medio de una larga noche. Pero ese relámpago lo es todo.

Henri Poincaré (1854-1912)
, filósofo y científico francés.

lunes, 3 de julio de 2017

“Haec Diophantus habet tumulum, ...” (1)

Del matemático griego Diofanto de Alejandría que vivió hacia el siglo III, sabemos más bien poco. Y ese poco versa más que nada sobre sus notables aportaciones a las matemáticas, muchas de las cuales seguro que las conocen aunque sea de oídas.
Escribió Aritmética, una obra de trece (13) libros de los que sólo se conservan seis (6), y donde se recogen casi dos centenares de problemas matemáticos. La traducción más famosa de este influyente libro en el desarrollo de esta disciplina, es la realizada en 1621 por el francés Claude Bachet (1581-1638), de quien diremos aquí para un futuro nexo, que encontró un método para la construcción de los fascinantes cuadrados mágicos.
Siguiendo con la Aritmética traducida de Bachet, hacer constar que se trata de la misma edición del ejemplar en cuyo margen, el jurista y matemático francés Pierre de Fermat (1601-1665) hizo su célebre anotación. Probablemente la más famosa de la historia de las matemáticas. Otro magnífico nexo.
De la anotación de Fermat
De ella, por ahora, haremos constar algunos detalles. Por ejemplo que con posterioridad, en1670, un hijo de Pierre realizó una edición reimpresa en la que se incluían los famosos comentarios de su célebre padre.
De la publicación que Bachet hizo de los seis libros de la Aritmética de Diofanto, no les he dicho que estaba escrita en latín, que incorporaba comentarios propios sobre cada problema y, sobre todo, que explicaba en qué consistía esa notación realizada en uno de sus márgenes por Fermat.
Pues bien de ella sepan que más o menos venía a decir que no se puede dividir un cubo en dos cubos, ni un cuadrado en dos cuadrados ni, en general, una potencia superior al cuadrado en dos potencias del mismo grado.
Añadía además que había encontrado una demostración verdaderamente admirable de esa afirmación, solo que lo exiguo del margen no le había permitido escribirla ¿?
Ya, ya. Por supuesto que no será quien esto escribe, la persona se pronuncie sobre la veracidad de dicha afirmación pero vamos, estarán conmigo, que suena algo chusca. De modo que con su permiso lo dejo aquí, a su entera consideración, disposición y albedrío. O sea.
Lo que a ciencia cierta sí les diré es que en la actualidad, sigue siendo un misterio si Fermat disponía o no de dicha demostración en aquella fecha.
Y aunque en 1659 afirmó tener la demostración para el caso del cubo, lo cierto es que las primeras documentadas, tanto para el cubo como para la cuarta potencia, se deben al matemático y físico suizo Leonhard Euler (1707-1783), otro de los grandes. (Continuará)



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