lunes, 16 de marzo de 2026

‘Voyager I’ [CR-349]

 [Esta entrada apareció publicada el 20 de febrero de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

Le recuerdo que esta sonda es el objeto humano más alejado de nosotros en todo el universo, de hecho, en estas semanas iniciales del año ha superado ya los 25 000 000 000 km de distancia, algo más de 169 UA, desplazándose a unos 61 000 km/h, que vienen a ser 17 km/s. Lo que no está nada mal si lo piensa, cinemáticamente hablando, pero sin punto de comparación con la velocidad de las señales que nos envía, la de la luz, c ≈ 300 000 km/s. 

Un valor astronómico, en el doble sentido, que no impide sin embargo que tarde en llegar a la Tierra más de 22 horas, casi un día, tal es el espacio que nos separa. Uno en el que sabemos existe eso que hemos dado en llamar el “muro de fuego”, una zona turbulenta situada en la heliopausa y que la Voyager 1 ya cruzó en 2012, convirtiéndose así en el primer objeto humano en llegar al espacio interestelar, si bien no ha sido hasta ahora cuando hemos tenido información.

Probablemente se trate de uno de los hechos más relevantes en el estudio del sistema solar exterior y viene a reforzar la idea de que los confines del mismo no están definidos por la órbita de los planetas, sino por el alcance del campo magnético solar. Y es que ambas sondas (también la Voyager II) han detectado la existencia de un campo magnético que contradice las hipótesis iniciales de que el del medio interestelar sería totalmente distinto al generado por el astro. 

Y no es así, las mediciones muestran una inesperada continuidad, hablamos de la heliosfera, enorme burbuja energética cuya frontera más lejana, la heliopausa, actúa a modo de frente de choque, donde, viento solar e interestelar encuentran un punto de equilibrio.

Por poner un símil, esta región del espacio vendría a ser como esa proa de barco que corta el océano en su singladura, generando una estructura en forma de onda a medida que se desplaza por el espacio y que es crucial para entender cómo nuestro sistema se protege de los peligros cósmicos. Sin duda, nadie imaginó que, casi medio siglo después de su lanzamiento, esta sonda seguiría “viva”, mandando información relevante y crucial sobre el entorno interestelar, y lo hiciera desde un territorio donde ni el mismo Sol ya manda. 

A más inri, todo ello, con unos instrumentos diseñados hace más de cuarenta años y que siguen funcionando, vamos, una reliquia de otra era tecnológica. Sí, la nave no quiere jubilarse y aunque su energía nuclear se agota y algunos sistemas ya se han apagado, ella nos sigue hablando. Algo que, por otro lado, esperamos siga haciendo durante unos meses más, hasta finales de año o principios del siguiente en el que por cierto celebraríamos aniversario.

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

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