martes, 7 de mayo de 2024

Ciencia española. Siglos XIX [CR-267]

[Esta entrada apareció publicada el 03 de mayo de 2024, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]

(Continuación) No, no parece que al menos, desde el punto de vista cualitativo, en la España previa a la invasión napoleónica haya faltado talento científico-técnico y de primer orden; en aquellos entonces no estábamos lejos -científica, tecnológica o económicamente- de Inglaterra o Francia, y superábamos en muchos campos a otras potencias como Prusia, Austria y Rusia. Es así. 

El siglo decimonónico empieza en este prontuario con el curantés Ramón Verea (1833-1899), periodista, ingeniero e inventor que ideó la primera calculadora mecánica capaz de realizar multiplicaciones de forma directa. Otro de los “olvidaditos”.

Y continua con el científico, marino y militar cartagenero Isaac Peral (1851-1895) que no inventó el submarino como tal, su historia viene de más atrás, pero sí desarrolló el primer submarino torpedero propulsado por energía eléctrica, lo que no es poco. Él es el primero de una serie de pioneros patrios de este siglo, hoy casi olvidados. 

Como el médico y bacteriólogo cervariense Jaume Ferrán (1851-1929), que elaboró una vacuna contra el cólera de gran éxito en una epidemia en Valencia, y descubrió curas también contra el tifus y la tuberculosis. O nuestro único y verdadero nobel “cocinado” en laboratorios españoles, el petillés Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), médico, histólogo, anatómico patológico y Premio Nobel en Medicina de 1906, considerado como cabeza de la llamada ‘Generación de Sabios’ y citado con frecuencia como “padre de la neurociencia”.

Tras él, el innovador ingeniero de camino, matemático versátil e inventor prolífico cántabro Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) que: desarrolló el primer dirigible español, muy por encima del resto de modelos europeos; diseñó el primer teleférico mecánico; construyó la primera máquina calculadora; etcétera. Y por supuesto el físico arreficeño Blas Cabrera Felipe (1878-1945), uno de nuestros científicos más importantes, relativista convencido, amigo personal de Albert Einstein y uno de los “culpables” de la visita del genio a España en 1923. 

A quien sigue el ingeniero militar y aeroespacial granadino Emilio Herrera (1879-1967), que en los años treinta diseñó un aerostato capaz de subir a más de 20 km de altura, para lo que desarrolló también un traje espacial, adecuado tecnológicamente para esos vuelos estratosféricos. La misma NASA le ofreció trabajar para ellos, él declinó, y su escafandra, hasta hoy, está considerada una de las mayores aportaciones europeas a la conquista del espacio.

Y ya que va de conexión estadounidense, incluimos al inventor e ingeniero eléctrico piedrabuenero Mónico Sánchez (1880-1961), un pionero de la telefonía sin hilos, la radiología y la electroterapia, que en 1907 inventó un aparato de rayos X portátil muy utilizado en hospitales europeos y estadounidenses, siendo uno de los científicos más demandados; sin embargo, aquí es prácticamente desconocido. ‘Que la palabra ciencia vaya siempre unida a la palabra cultura, Lehn. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

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1 comentario :

Anónimo dijo...

Una muy breve pero buena perspectiva de la ciencia española.