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domingo, 17 de mayo de 2015

Oxitocina y maternidad

(Continuación) La investigación fue realizada por los doctores Craig Kinsley y Elisabeht Meyer, en el Centro de Neurociencias de la Universidad de Richmond.

Creo que ya se lo he contado en otra ocasión, pero por si no es así, al hipotálamo, algunos lo llaman la “cuna del amor de madre”, ya que es aquí donde se produce la oxitocina. Una vieja conocida.

Oxitocina y maternidad
De ella decir ahora tan solo, que su acción sobre el hipocampo ayuda a mejorar la memoria y el aprendizaje. Lo hace porque aumenta las conexiones entre neuronas, interviniendo así en el comportamiento maternal.

Es, gracias a este efecto que la mujer, puede superar el enorme esfuerzo que supone la crianza del bebé.

Tal como parecen confirmar los datos aportados por una investigación de la Universidad Bar Ilán, en Israel, los niveles de oxitocina durante el primer trimestre de embarazo, pueden predecir la intensidad del vínculo materno-filial.

Y lo hacen de forma directamente proporcional. A mayor nivel de esta hormona, mayor vínculo.

Es lo que se pudo comprobar una vez nacidos. Las madres con niveles más altos de oxitocina, fueron las tenían un mayor apego hacia su bebé. Le miraban, hablaban y acariciaban más y manifestaban más muestras de afecto hacia él.

De forma más genérica sabemos que es el hipotálamo, la región del cerebro encargada de coordinar las conductas esenciales para la supervivencia.

Por cierto que la producción de oxitocina se estimula, tanto en la madre como en el bebé, con las caricias, así que en ella está el origen de los lazos afectivos humanos.

Por último apuntarles que en el sistema olfativo también se generan nuevas neuronas y es en la amígdala cerebral donde se procesa el olor del bebé, siendo la encargada además, de responder a potenciales peligros.

Una función en la que también intervienen las hormonas esteroideas.

Unos esteroides que actúan como hormonas, y que ayudan a producir determinados cambios neuronales que protegen el cerebro de la madre. Lo protegen de las amenazas que podrían comprometer, su propia capacidad para cuidar del niño.

Así que es como una paradoja.

El amor materno cambia al cerebro, a la vez que el cerebro cambia al amor materno. Y todo con un único fin. Salvaguardar a un bebé, cuyo cerebro se irá moldeando a través de esa relación con su madre.

Una relación que es para toda la vida y que tendrá gran influencia, no solo en las relaciones afectivas que mantenga a lo largo de su vida ya adulta. También en su capacidad para superar el estrés y los trastornos psicológicos.

A propósito de la oxitocina
Ya les he escrito algo y en más de una ocasión, de esta hormona. Una primitiva y no muy grande proteína encargada en un principio, sólo de un fenómeno físico-químico. Mantener un balance adecuado en el organismo, entre su contenido en sal y agua.

Fue con posterioridad, cuando empezó a ocuparse de lo que terminarían siendo las actuales conductas reproductoras y maternales. Unos procesos ahora bioquímicos.

Porque la oxitocina actúa como hormona y como neurotransmisor. Es su liberación al final del embarazo la que, por ejemplo, provoca las contracciones durante el parto y la producción de leche.

Y es ella, tras el parto, la encargada de poner en marcha los cuidados maternos. Su última “ocupación” conocida por ahora. (Continuará)






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