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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

martes, 19 de mayo de 2015

Adopción y amor de madre

(Continuación) Ya lo dijimos, con las caricias se produce oxitocina tanto en la madre como en el bebé, lo que afianza el vínculo entre ambos. Un vínculo, el que se crea en esta etapa de la vida, que resultará decisivo no sólo para la salud física, también para la psicológica y la mental del pequeño.

Y es que esa especial interacción provoca cambios en el cerebro del bebé, que determinarán muchas de sus respuestas, a no pocas de las demandas que le exigirá el entorno. Y no solo en sus primeros años, también en la vida adulta.

Es sin duda un buen apego el materno que le hará más resistente al estrés y a los trastornos mentales. Eso al menos es lo que afirma un estudio llevado a cabo por la Universidad de Emory y que fue publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience.

Si tienen razón, el “amor de madre” vendrá a ser como un “seguro médico”. Quizás el mejor que podamos tener nunca en nuestra vida. Amor de madre.

Amor de madre en la adopción
No quisiera acabar esta serie de entradas, sin hacer un comentario sobre los hijos adoptados y el amor de sus madres. A nadie escapa, a poco que se piense, una inquietante cuestión: ¿Cómo es posible que surja este cariño si no ha habido embarazo, gestación y parto?

Pues por una razón sencilla. Los vínculos que se establecen entre una madre y sus hijos no dependen sólo de los genes que comparten.

Según el trabajo publicado en Investigación y Ciencia de los neurocientíficos Kraig Kinsley y Kelly Lambert, volvemos a ellos, cuando no ha existido embarazo, serían entonces los retos que se le platean a la hora de cuidar a un niño, los responsables de que el cerebro de la madre adoptiva se “reprograme”.

Es más. Los adultos, incluyo aquí al padre también, y el bebé se influyen en sus circuitos cerebrales, haciendo que se modifiquen y que el apego se vaya fortaleciendo con el paso del tiempo.

Se ha llegado a demostrar que si a una rata le ofrecen la posibilidad de hacerse cargo de crías ajenas, y que éstas llegan hasta ella a través de una rampa que ella misma puede abrir a voluntad mediante una palanca, el animal lo presionará repetidamente hasta que su jaula se llena de diminutas ratitas rosadas.

Se piensa que la mera visión de los pequeños y el cuidado de las crías le proporcionan placer, a la vez que ponen en marcha el sistema de recompensa del cerebro.

Después, lo que ya sabemos. El vínculo entre la madre adoptiva y las crías se reforzará por el contacto, lo que promueve la liberación de oxitocina y toda la retahíla de consecuencias. Esto que les acabo de contar es fruto de una investigación llevada a cabo en el la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey.

Y lo dejo aquí, que lo poco gusta y lo mucho cansa. Es que empecé hace ya unos días hablando de una madre coraje, a la que no le importó dar un par de cachetazos en público a su hijo, con tal de alejarlo del peligro.

Para mí que va a tener razón don Severo, que siempre ha sido mucho, mucho, Ochoa.




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