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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

miércoles, 20 de mayo de 2015

A falta de ADN cervantino

Nunca fue Cervantes un hombre afortunado en vida y, por los últimos acontecimientos acaecidos en torno al hallazgo de sus restos, tampoco parece que lo vaya a ser de muerto.

Si bien a todos los efectos, es algo que nadie pone en duda, Cervantes ha sido encontrado donde se esperaba que estuviera, muy pocos son los que piensan que el eximio escritor ha sido o podrá ser identificado.

Lo digo en el sentido de que la unanimidad identificativa no podrá, nunca, estar basada en la certeza genética. O lo que es lo mismo. La más que probable hipótesis, jamás, se convertirá en teoría cierta. Y además por doble motivo.

No sólo no se cuenta con información genética suficiente para identificar los restos, sino que, aun en el caso de que se pudieran diferenciar los restos de los diecisiete (17) cuerpos enterrados en la misma zona área, seguiría habiendo un problema.

No tenemos una muestra de ADN, de otro individuo de su familia, que nos permita establecer una comparación. Así de simple y tajante.

Y en el campo de la genética forense, si no hay con qué comparar, entonces es como si no tuviéramos nada. Ya les he escrito sobre esto, por lo que no insistiré.

De la genética molecular y el ADN
De la primera parte del subtítulo que precede, ha aparecido también en este negro sobre blanco por lo que procuraré no repetirme.

Del segundo concepto, decirles tan solo que el ácido desoxirribonucleico fue aislado por primera vez en 1869, por el biólogo y médico suizo Friedrich Miescher (1844-1895).

Y que no fue hasta los años 50 del siglo XX cuando se describió, también por primera vez, la estructura molecular del ADN y el exclusivo papel que juega en la herencia, confirmado en 1952 gracias a los experimentos de los científicos Alfred Hershey (1908-1977) y Martha Chase (1927-2003).

En dicho experimento se demostró que el fago T2, un virulento bacteriófago del género virus, transmite su información genética en su ADN, pero no en su proteína. Una prueba de que es el nucleico la base del material genético de la vida, y no las proteínas.

Un descubrimiento decisivo en el conocimiento de la base molecular de la herencia, que constituye el nacimiento de la genética molecular como un nuevo campo de conocimiento humano.

Es más tarde, ya en los años 80, cuando se realizan las primeras reconstrucciones del material genético de un animal extinto a través de sus fósiles. A partir de ese momento, la extracción de genes antiguos conservados en huesos, dientes, pelos o sangre de diferentes personalidades, se ha convertido en un magnífico método de identificación.

Y para ello, las dos clases de ADN resultan ser de lo más interesante. Les hablo del ADN nuclear y del ADN mitocondrial. Unas expresiones que nos suenan de los libros de biología bachillera.

ADN nuclear
El ácido desoxirribonucleico nuclear (ADNn), es el que se encuentra contenido, claro, en el núcleo de las células de los organismos eucariotas, y lo está, organizado en pequeños paquetes llamados cromosomas.

Allí reside la mayor parte de nuestros genes -unidades de información dentro del genoma que contiene todos los elementos necesarios para su expresión de manera regulada-, y que nos hacen ser quienes somos, con información procedente de los dos padres, macho y hembra.

A este tipo pertenece la información del cromosoma Y, uno de los cromosomas sexuales de los individuos heterogaméticos y presente, sólo, en los individuos machos.

Bueno, en puridad, sólo lo es en el caso de que el animal sea un mamífero; si por ejemplo el animal es ovíparo, es el cromosoma X el propio de la hembra. Cosas de la reproducción sexual. (Continuará)






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