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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Por qué Sevilla se está tiñendo de rojo?


(Continuación) Dos años después, en 1965, Cano realiza los relieves de la portada de la Iglesia del Gran Poder, a la vez que diseña la medalla con la que la Academia de Bellas Artes de Sevilla premia a artistas e instituciones.

Por último, en 1973, finaliza el monumento a Juan Sebastian Elcano, es el que se encuentra en la Glorieta de los Marineros Voluntarios, en pleno Paseo de las Delicias y en el lado sevillano del Puente de los Remedios. Ya fue “enrocado” y “ciensevillaneado”.

Si lo recuerdan, verán que es el mismo puente que en la orilla cartujana, tiene a su otro grupo escultórico, el de las Muchachas al sol. Otra coincidencia a contabilizar. Una más. No sé cómo lo verá usted, pero creo que es comprensible mi aprensión ante tantas coincidencias.

Y volviendo al teñido anaranjado-rojizo de los sevillanos grupo escultórico y fuentes, estarán conmigo que, aun estando de acuerdo en que la causa del mismo es el barrunto del que les hablaba, es decir, el óxido de hierro procedente de las viejas y férreas tuberías que la conducen.

No podrán negarme que su aceptación nos lleva, inexorablemente, a una inquietante pregunta: Si las tuberías llevan toda vida ahí, ¿por qué sale el óxido ahora?

Una pregunta para la que les ofrezco tres posibles respuestas. La perteneciente a la que llamaremos “Sevilla paranormal” y ya adelantamos: “Se trata de una venganza de oscuros fantasmas urbanísticos, por haberla cambiado de sitio tantas veces”.

La de la, digamos, “Sevilla vandálica” que de vez en cuando nos invade y azota. Y la de la “Sevilla química”, que también existe.

¿Por qué ocurre ahora y no ha ocurrido antes?
Bien, ante esta terna, procedamos por eliminación.

Si descartamos la primera por pseudocientífica o “magufa”. Aunque nunca se puede descartar la aparición, en un fin de semana cualquiera, de una “bautistada”. Crucen los dedos por si acaso. Y la segunda por eliminación oficial ya que, según la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento, tras el teñido no hay ningún tipo de acto vandálico.

Si descartamos ambas, entonces sólo nos queda la química.

Y el feo color anaranjado presente en el grupo escultórico Muchachas al sol del barrio de Los Remedios, y en la Fuente de Híspalis o de Sevilla, sita en la plaza Puerta de Jerez y también conocida popularmente como la “de los meones”.

Así como el de la Fuente de las Cuatro Estaciones, de la Plaza de Don Juan de Austria (Prado de San Sebastián), y ahora también el de la Fuente de Mercurio de la Plaza de San Francisco, delante mismo del edificio del Banco de España.

El color de todos ellos, les decía, es fruto de una capa de óxido de hierro que los está cubriendo.

Un óxido que ha salido del interior de las tuberías, debido a que en los últimos tiempos el Ayuntamiento ha instalado un sistema de clorado del agua en Sevilla.

Acerca de los sistemas de clorado del agua
Se conoce como cloración al procedimiento químico de desinfección de agua, utilizando para ello sustancias muy oxidantes como la sustancia simple cloro gas Cl2(g). O los compuestos químicos: hipoclorito de sodio NaClO, a cuya disolución en agua H2O llamamos lejía; dióxido de cloro ClO2; hipoclorito de calcio Ca(ClO)2; ácido cloroisocianúrico; etcétera.

Se trata de un tratamiento del que el sistema de abastecimiento de aguas carecía hasta ahora, y que por ley es exigible atendiendo a razones de salud pública.

Sin entrar en profundidades científicas, diremos que el cloro “limpia” por dentro las tuberías, evitando así la aparición de bacterias como, la conocida e indeseada legionela. Con ello eliminamos en buena medida, los riesgos de contraer la legionelosis o infección por esta bacteria.

Y es que algunas de las especies de legionela pueden infectar a los humanos. Destacar en este sentido que la especie más peligrosa es la Legionella pneumophila por sus implicaciones médicas.

De modo que su eliminación mediante el clorado es el efecto primario, el deseado.

Pero claro, como ocurre en toda acción, también se producen efectos secundarios, no siempre deseados. Daños colaterales lo llaman algunos en plan eufemístico, y es uno de ellos, que sepamos, la aparición de orín en monumentos que están en contacto con el agua.



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