La ciencia son hechos y de la misma manera que las casas están
hechas de piedras, la ciencia está hecha de hechos. Pero un montón de piedras
no es una casa y una colección de hechos no es necesariamente ciencia.

Henri Poincaré (1854-1912), filósofo y científico francés

domingo, 3 de septiembre de 2017

Otros animales que se drogan: Búfalos y amapolas

Son dos de los eslabones de seres vivos, de una nueva cadena de drogadicción existente en la naturaleza de la serie que les traigo desde hace unas semanas. De modo que les supongo al tanto de que los animales también se drogan ¿Qué buscan en realidad, alimento o evasión? ¿Comen o consumen?
Búfalo de agua
El animal es en este caso el búfalo de agua (Bubalus bubalis), un gran mamífero artiodáctilo de la familia de los bóvidos procedentes del sudeste asiático y más en concreto, los búfalos de agua autóctonos de Vietnam.
La razón es porque en estos mamíferos, durante la guerra de Vietnam -que se inicia unos meses después de la muerte de Albert Einstein y dura veinte (20) años- se pudo observar un curioso y extraño comportamiento.
Cuando los estadounidenses bombardearon este país en los años 60 del siglo pasado, y las bombas empezaron a caer cerca de los búfalos éstos abandonaron sus zonas habituales de pastoreo y tomaron la costumbre de alimentarse en campos de amapolas.
Normal podrán pensar ustedes. Les gustarán las amapolas, o es lo único que tenían más a mano para comer y es sabido que cuando el hambre aprieta. Pues bien, se equivocan. Ni por lo uno ni por lo otro.
No sólo no les gustan estas flores sino que, además, no eran lo único a lo que tenían acceso para comer pues había otras fuentes de alimentación próximas, ¿entonces?
No se trata de una respuesta definitiva pero la hipótesis más extendida entre los expertos es que las comían por sus efectos estupefacientes, probablemente para disminuir el estrés causado por los violentos efectos de las bombas.
Es decir los búfalos de agua vietnamitas ingerían amapolas no por razones alimenticias, sino para tranquilizarse después de las explosiones. Cuando se sentían traumatizados buscaban en el consumo de la flor una salida a sus angustiosas sensaciones. Como tantos otros animales, como nosotros mismos. Nada nuevo bajo el sol, que sentenció el clásico.
La pregunta que dejo en el aire es: ¿Siguen ingiriendo amapolas cincuenta (50) años después, a pesar que desde entonces ya no se han producido bombardeos y por ende no se estresan?
Hay amapolas...
De las amapolas, nombre común con el que son conocidas las Papaver, un género de plantas angiospermas que pertenecen a la familia Papaveraceae y que se distribuyen por buena parte de Europa, Asia y Norteamérica, existen más de cuatrocientas (400) especies descritas.
Y como en botica las hay de todo tipo y naturaleza y por supuesto con diferentes efectos. Desde las más inofensivas, aquellas cuyas semillas se suelen usar como condimento y en bollería, mientras que sus pétalos se emplean para elaborar siropes y bebidas no alcohólicas.
Un ejemplo puede ser la Papaver rhoeas o amapola silvestre, una especie fanerógama cuyas savia, pétalos y cápsulas contienen un alcaloide de efectos ligeramente sedantes, la rhoeadina o readina.
Como todos sabrán las amapolas silvestres tienen un color rojo intenso, algo que salta a la vista nada más con que nos asomemos al campo en primavera. Un color que es consecuencia de un fenómeno óptico que quizás no todos conozcan, por lo que abro un paréntesis “cultureta”. (Continuará)



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