Para contestar a preguntas del tipo ¿quién? o ¿por qué?, viene muy bien una vieja locución latina: Quid prodest, o sea “¿a quién beneficia?”.
Considerada un principio del Derecho Romano, el latinajo hace referencia a lo esclarecedor que puede resultar el preguntarse por, quién o quiénes, se benefician con los resultados de un acto, cuya autoría se trata de determinar.
Este “¿a quién beneficia?”, es un buen método para averiguar quién está detrás de muchos de los supuestos sucedidos que por nuestro lado pasan, sean bajo el nombre de leyendas urbanas, fenómenos paranormales, curaciones milagrosas o paraciencias varias.

















