(Continuación) Los iniciaron en el centro ‘Estudio de Gramática’, una institución regida por los jesuitas desde donde, y tras completar su educación secundaria fueron enviados en 1772 a París, a fin de adquirir una formación académica en ciencias, decantándose finalmente por los estudios de química y metalurgia, geología y mineralogía a lo largo de cinco años.
Durante ese lustro acudieron a las clases de Jean D'arcet y fueron
discípulos aventajados de Hilaire Marie Rouelle, descubridor de la urea
y profesor de destacados químicos de la época. Finalmente, en diciembre
de 1777, Juan José regresa a España para, en 1778 hacerlo Fausto,
siendo admitidos en la Sociedad Bascongada de Amigos del País de Vergara
(Guipúzcoa) de la que ese mismo año era nombrado Fausto profesor de
Mineralogía y Metalurgia (1781-1785).
Más
formación académica (y lo que no es académica)
Sin duda ambos hermanos se vieron favorecidos por el espíritu de la Ilustración y tras una breve estancia en suelo patrio fueron pensionados por el gobierno en distintas universidades europeas con el fin, este era uno de los “confesables”, de adquirir conocimientos científicos e investigadores. Entre otros destinos fueron enviados a la Escuela de Minería de Freiberg en Sajonia, el centro más prestigioso del mundo, donde conocieron al alemán Abraham Gottlob Werner que influyó de forma decisiva en su futuro científico y técnico.
También viajaron a Bohemia y Hungría donde visitaron sus principales
minas y fundiciones de metales, y es entonces cuando, en 1781, tras tres años
de periplo europeo, deciden marchar a la Fábrica sueca cañones de
Stackelberg, desobedeciendo las órdenes de la Marina de dirigirse a la Factoría
escocesa de Carron, donde se fabricaba la mejor y más moderna artillería de
hierro de Europa y que superaba con mucho a la de las españolas de Liérganes y
La Cavada.
Lo hacen alegando para ello: uno, los conflictos bélicos con Inglaterra y el riesgo vital que suponían para ellos; dos, el “estudio industrial y tecnológico” de los cañones suecos; y, tres, la promesa de trasladarse, posteriormente, a la escocesa, el objetivo inicial marcado. Sin embargo, como veremos, ni lo uno ni lo otro.
Nada más llegar los hermanos se
sintieron atraídos por la tradicional metalurgia sueca, a la vanguardia de la
ciencia química europea de la época, y se olvidaron de los cañones que, por
cierto, sus métodos de fabricación gozaban de muy buena fama mundial. Este
“asunto cañonero” formaba parte de los fines “no confesables” de su viaje por
Europa, vamos que oficialmente iban como científicos, pero, extraoficialmente,
iban también como espías.
Le hablo de puro espionaje industrial y
tecnológico en pleno siglo XVIII, algo que poco tenía que ver con el confesable
de la adquisición de conocimientos científicos, habrá que volver a retomar esta
pista, pero recuerde al clásico, nihil novum sub sole. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue
publicado el 27 de julio de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA,
del diario digital Sevilla Actualidad.
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