[Esta entrada apareció publicada el 24 de julio de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
La galileana cita de la semana pasada refleja la visión del pisano acerca de que religión y ciencia tienen distintos propósitos: el de una, guiar el espíritu y la moralidad, y el de otra, explicar el funcionamiento físico del universo y la naturaleza mediante el estudio de los astros, basándose para ello en la observación y las matemáticas sin entrar en conflicto con la fe.
Y en dicho
estudio, aunque la ciencia de la astronomía no lo divida en “partes” como
sí lo hacen algunas religiones o creencias místicas, el cielo se organiza de
manera oficial en: 88 constelaciones reconocidas por la Unión Astronómica
Internacional (IAU), para poder mapear todos los objetos celestes visibles
(cartografía celeste) y así, además, para orientarnos en el firmamento; y con la utilización
de telescopios de ondas de radio, infrarrojos (IR), rayos X o rayos gamma que
estudian otros tantos cielos invisibles (a nuestros ojos), hablamos también del
espectro electromagnético del cielo.
Volviendo a la atmósfera de la que ya dimos unas pinceladas, abundar ahora que su composición principal es: nitrógeno, N2, 78 %; oxígeno, O2, 21 %; argón, Ar; dióxido de carbono, CO2 y vapor de agua, H2O, en un 1 %. Y entre sus principales funciones están las de: regulación térmica, evitando diferencias extremas de temperatura entre el día y la noche; filtro solar, absorbiendo gran parte de la radiación ultravioleta dañina proveniente del Sol; escudo contra meteoritos, al provocar la fricción con ella, causante de que la mayoría de las rocas espaciales se desintegren antes de impactar la superficie; ciclo del agua, almacenando vapor de agua que luego precipita como lluvia o nieve. Sin dejar de lado su estructura, conformada en cinco capas principales según sus características de temperatura en función de la altitud, a saber.
Troposfera, la más cercana a la superficie, donde ocurren todos los fenómenos meteorológicos, vivimos y se concentra casi todo el vapor de agua y la vida en general. Estratosfera, en ella está la imprescindible capa de ozono, O3, encargada de absorber la radiación ultravioleta (UV) del Sol. Mesosfera, la capa más fría, donde la mayoría de los meteoritos se desintegran. Termosfera, con temperaturas muy altas es la capa donde orbitan la mayoría de los satélites artificiales y la Estación Espacial Internacional (ISS).
Y la Exosfera, la más externa y tenue que se difumina gradualmente con el vacío del espacio. Pero ese es el cielo científico, pero, ¿y el espiritual o religioso? ¿qué sabemos de él? ¿dónde está? ¿qué o quienes lo habitan? A este respecto me viene a la memoria la frase, más que quizás, apócrifa adjudicada a Yuri Gagarin mientras completaba una órbita terrestre y regresaba sano y salvo para contarlo, la primera órbita espacial tripulada, ‘Aquí no veo a ningún Dios’.
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
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