(Continuación) Y como ya hemos ido deslizando a lo largo de esta saga, también otro campo de conocimiento humano, aparte del de las artes, vivió un periodo de auge y esplendor inusitado, entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX (circa 1875-1936).
Una
Edad de Plata también, por la coincidencia temporal, pero quizás no tan
conocida y reconocida como aquella (de las Letras o mejor de la Artes), ligada al campo de las ciencias y que discurre en paralelo, aunque
en no pocas ocasiones sus trayectorias se crucen.
Se
trata de un periodo de eclosión científica y tecnológica que, a pesar de la coincidencia
en espacio, tiempo, inquietudes, pensamientos e instituciones, para algunos exégetas
de la cosa es la “Otra” Edad de Plata, sí, a semejanza de la copla de
mediados del siglo pasado.
Ya sabe, la que con letra de los poetas de León y Quiroga y música del maestro Solano lleva por título ‘Romance de la otra’ (1944) y nos dice: Yo soy la otra, la otra. / Y a nada tengo derecho. / Porque no llevo un anillo / con una fecha por dentro.
Edad de Plata de la Ciencia española. La ‘Generación
de Sabios’
Un renacimiento científico,
tecnológico, industrial y educativo que también
podemos estructurar, grosso modo, en torno a las tres mismas generaciones
-del 98, del 14 y del 27-, con una reconocida punta de lanza conocida como la Generación
de Sabios
Una expresión acuñada por el médico, historiador y escritor Pedro
Laín Entralgo para designar a un brillante grupo de científicos e
intelectuales españoles nacidos en torno a los decimonónicos 50 y 60, y que en la
década de los 80 está en su apogeo investigador asentando las bases de la
moderna ciencia española y de ésta su Edad de Plata.
Un periodo de máximo esplendor que impulsó su despegue internacional y reencuentro con la vanguardia científica europea, en el que jugaron un papel fundamental la ILE, Institución Libre de Enseñanza y la JAE.
En
particular esta última, la Junta para Ampliación de Estudios e
Investigaciones Científicas (JAE), con cuyas becas y pensiones
pudieron formarse jóvenes investigadores y profesores en los mejores centros de
Alemania, Francia y Reino Unido; la famosa “pensión en el extranjero” que tan
últimas innovaciones permitió traer al suelo patrio
Si olvidarnos de la creación de instituciones
como la Residencia de Estudiantes (1910) o la Residencia de Señoritas
(1915) y centros de excelencia como el Instituto Cajal (1901) o el
Instituto Nacional de Física y Química (1932). (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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