jueves, 20 de octubre de 2022

Moliner, Delibes y García Márquez. Humanismo (1)

Vaya por delante que no le niego la mayor, el encabezado puede que resulte descriptivo y descriptor, pero es evidente que queda bastante vago y difuso al no estar nada claro cual es la relación entre las personalidades literarias que lo conforman.

De modo que, en la medida de mis posibilidades, voy a intentar poner remedio a este inconveniente y para ello hago “un tiro por elevación”, uno de esos que estudiamos en la cinemática bachillera. Sí, paso del inicial campo del arte al de la ciencia, ambas humanidades, sin solución de continuidad y es que los humanos somos así.

Tiros por elevación

Se lo digo en plural porque es probable que lo recuerde. Desde el punto de vista físico resulta ser una composición de movimientos cuya trayectoria es una parábola que, en el contexto artillero, implica elevar el ángulo de tiro de un arma, de manera que el proyectil describa una curva, sobrevuele el obstáculo que impide el tiro directo y caiga en el blanco. Ya sabe a qué me refiero.

Pero no es éste el caso que nos ocupa, no van por ahí mis tiros y perdone la expresión. Con el susodicho giro verbal quiero significar, de forma retórica o dialéctica, que estoy evitando en lo posible lo inmediato, para así alcanzar la lejanía. Que deseo que el lector traslade a otro nivel de consecuencia lo que está leyendo, y que no quiero “pegarme un tiro en el pie”, vaya por Dios. Perdón de nuevo.

“El que tiene boca, se equivoca”

Es una de las muchas expresiones que nuestro rico refranero popular posee (“al mejor galgo se le escapa una liebre”, “el más diestro la yerra” o “no hay caballo que no tropiece”), para recordarnos que todas las personas estamos sujetas a cometer errores de habla o de escritura (“el mejor escribano echa un borrón”).

Su existencia es una especie de imperativo cósmico ya que podemos encontrar este tipo de frases proverbiales en otros muchos idiomas y con el mismo mensaje explícito de falibilidad e implícito de disculpas. No, nadie está a salvo de cometer fallos a la hora de expresarse.

En ese aspecto apenas nos diferenciamos los humanos, si bien no es menos cierto que no todos cometemos los mismos fallos y, sobre todo, no los gestionamos de la misma manera y ahí está la diferencia pues una vez detectados: mientras unos optan por reconocerlos y ponerle remedio, lo que está bien; otros no los reconocen y lo disimulan u ocultan, lo que está mal. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 

 


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