No hice nada por accidente, ni tampoco fueron así mis invenciones.
Ellas nacieron del trabajo.

T. A. Edison
, inventor estadounidense (1847-1913)

martes, 18 de octubre de 2016

Etimología de la palabra siesta

Con un "no es todo como parece" les dejé ayer, y es el caso “sestero” que nos traemos entre manos. Lo es, y para que comprendan la razón conviene saber lo que en realidad significan y no, en este contexto, estas dos palabras implicadas, hora y sexta.

Y para ello no podemos dejar de reseñar que antiguamente los romanos dividían el día en dos partes: un tiempo de luz y un tiempo de oscuridad, o sea el día y la noche.

Y a su vez, en teoría, cada una de esas partes las dividía en doce partes u horas.

Pero como, este tema ya lo hemos tratado, el tiempo de luz y de oscuridad es variable según la estación y el día, estas partes u horas tenían una duración variable.

Por ponerles un ejemplo, si nos referimos a la recién pasada estación, durante el verano estas partes diurnas u horas podían ser de unos setenta y cinco minutos (75 min), mientras que las nocturnas llegar a ser de tan solo cuarenta y cinco minutos (45 min).

Y tres cuarto de lo mismo pero a la inversa en el invierno. Cuarenta y cinco minutos para las diurnas y setenta y cinco para las nocturnas.

Naturalmente, al tiempo no le pasa como al chicle que se puede estirar, conforme crece o decrece el tiempo de luz, estas partes disminuyen o aumentan su duración.

Por decirlo de otra forma, hay horas y horas.

Hay horas y horas
Es eso. Aunque resulte chocante, en verano las horas romanas resultaban más largas que en invierno, y viceversa en invierno.

Sólo en los días del equinoccio de primavera y de este recién estrenado de otoño, estas partes serían iguales y durarían una hora, quiero decir sesenta minutos (60 min).

Luego las horas romanas eran fracciones o unidades de tiempo de luz y por ende con una duración variable según el día del año. Unas horas que no debemos confundir con las horas actuales, que son periodos de tiempo de duración fija, todos los días del año.

Para medir las horas los romanos utilizaban relojes de sol, horologium, y relojes de agua, clepsydra, y las expresaban con números ordinales: hora prima, hora secunda, hora tertia, etcétera.

La prima era la primera del día, la del amanecer. La que marcaba el final del día, la de la puesta de sol, era la hora duodécima. Y la hora sexta, la que marcaba el mediodía correspondiente a las 12 con respecto al sol.

Que era el momento de máximo calor y cuando se hacía una pausa en las labores cotidianas, para descansar y reponer fuerzas; es la hora sexta de donde procede la palabra siesta.

Un espacio de tiempo en el que los romanos hacían un reposo después del refrigerio, es decir “se echaban la siesta”.

Y también horas y vigilias
Pero les decía que esta división horaria romana era en teoría.

Porque en la práctica ellos computaban el tiempo, bien dicho su paso, no hora a hora sino que las agrupaban en grupos de tres (3) llamándolos hora si eran del tiempo de luz, y vigilia, si era del tiempo de oscuridad.

Luego la fase luminosa del día comprendía ahora cuatro (4) horas llamadas prima, tertia, sexta y nona.

Hora prima y hora tertia comprendían desde la salida del sol hasta el mediodía solar o punto culminante del astro en su cenit. Y hora sexta y hora nona transcurrían desde el mediodía solar hasta la puesta del sol.



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