Ése es el extraordinario futuro previsto. Un futuro que tiene sus orígenes, ya lo saben, en un doble pasado.
Acerca del pasado real
Un futuro que inicia su pasado real en los EEUU, en concreto en la Universidad de Hahnemann, Filadelfia, donde un jovencísimo Miguel Nicolelis, entonces con tan solo veintidós (22) años, se queda colgado, en sentido metafórico, de las neuronas y de su estudio. Estamos hablando de los inicios de los años ochenta. Se trata de un amor neuronal a primera vista. De un flechazo visionario y tecnológico.














