[Esta entrada apareció publicada el 17 de abril de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
Le dejé con él y su potencial peligrosidad para la supervivencia cósmica de algunos de nosotros, y si bien el asteroide mantiene un 99% de probabilidades de pasar cerca sin ponernos en peligro, ese 1% restante es suficiente como para que ciertos grupos de reacción internacionales consideren dar “una respuesta al peligro potencial utilizando una nave espacial”. Como lo lee.
Una defensa planetaria que nos
evite la posible catástrofe, fijada ya para el 22 de diciembre de
2032, y de ahí que se haya convertido en el objeto más
vigilado de la actual lista de riesgos espaciales, máxime si tenemos en cuenta
el giro inesperado que el asunto del 2024 YR4
dio el pasado noviembre y por el que se ha elevado la probabilidad de impacto
hasta un más que preocupante 4,3 %; eso sí, ya no contra el planeta sino contra
nuestro único satélite natural, la Luna.
En esa estamos.
Existe una franja de incertidumbre, una pequeña pero real probabilidad de colisión, que no sería un impacto ordinario pues: liberaría una energía equivalente a unas 6,5 Mt de TNT, crearía un cráter de aproximadamente 1 km de ancho y varios cientos de metros de profundidad; produciría un gran destello luminoso visible desde la Tierra y una luz residual infrarroja que duraría horas mientras el material fundido se enfría; y podría expulsar al espacio unos cien millones de toneladas de material que superarían la velocidad de escape lunar -para que se haga una idea es como si 20 000 elefantes llegaran a la atmósfera terrestre-, iniciando así una posible cascada de colisiones (reacción en cadena).
Y sin duda una fracción
de ese material cruzaría la órbita terrestre entrando en nuestra atmósfera como
meteoritos, a modo de lluvias de estrellas lunares. Todo un espectáculo visual
para el público en general y una oportunidad única y gratis para los
científicos de poder analizar muestras lunares caídas del cielo.
Y aunque los impactos no tendrían ningún efecto geofísico apreciable en nuestro planeta, sí podrían constituir un riesgo para los satélites artificiales cercanos, al poder inutilizar buena parte de la infraestructura tecnológica esencial para la civilización moderna, desde el GPS hasta las comunicaciones globales. Precaución.
De ahí que la comunidad
científica estudie por qué sistema decantarse para su desvío o eliminación: si
utilizar un impacto cinético al estilo de la misión espacial DART
de la NASA, que ya demostró en 2022 su eficacia, una buena
noticia; o el impacto nuclear, con el consiguiente riesgo de fragmentación y
cuya peligrosidad ha disminuido a tenor de lo que dice un nuevo estudio del CERN
publicado recientemente en Nature Communications.
Así que el ficticio plan de la película 'Armageddon' para
salvar la Tierra se ha convertido en realidad. Sorpresas que da la ciencia.
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
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