Yo no uso drogas, mis sueños ya son lo suficientemente horribles.

M.C. Escher
, artista neerlandés (1898-1972)

viernes, 8 de julio de 2016

‘Dolly’, la vida de una oveja

(Continuación) Con tres (3) días de retraso - se nos ha metido por medio el nacimiento, nada menos que de Nettie Stevens, aquí toda una científica-, continúo con la oveja, con Dolly.

Algo tardío. Ya.

Pero al menos, sirva de paliativo, lo hago manteniendo la hora exacta del sucedido que recuerden fueron las 14:30 h (horario oficial español). Lo digo porque sé que estas simetrías son del gusto de algunos.

Y dicho lo cual, continúo con la oveja y algunos aspectos curiosos relacionados con ella.

Como por ejemplo su vida y hazañas.

¿Qué fue de la vida de Dolly?
No domino el tema pero creo que el animal vivió siempre en el recinto del Instituto Roslin.

Llegado el momento, con casi dos (2) años de edad, se le cruzó con un macho Welsh Mountain del que se preñó en tres (3) ocasiones. Y tuvo seis (6) crías en total.

Una (1) en su primer parto, en abril de 1998. Mellizos al año siguiente. Y trillizos en el siguiente parto. Con posterioridad, en el otoño de 2001 y con cinco (5) años de edad, Dolly desarrolló una artritis, que le producía un intenso dolor al caminar.

Por lo que leo fue tratada clínicamente con buen resultado, al parecer, con ciertas pastillas antiinflamatorias. Lo que está bien.

No obstante, un año y medio después, el 14 de febrero de 2003, Dolly tuvo que ser sacrificada a causa de una enfermedad progresiva pulmonar. Tenía tan sólo seis años y medio (6,5).

Digo sólo porque los animales de su raza, ella era una Finn Dorset, tienen una expectativa de vida entre once (11) y doce (12) años.

En la actualidad, los restos disecados de la oveja Dolly están expuestos en el museo real de Escocia.

¿Por qué le pusieron ese nombre?
Sé que muchos de los lectores que han llegado hasta aquí sabían, si no todo, al menos buena parte de lo que les he contado.

Lo que es menos probable que algunos sepan o recuerden, es la razón del nombre ovejuno, Dolly, del inglés Dolly the Sheep. Una elección, la del nombre del animal, de la que es responsable uno de sus dos padres de laboratorio, Ian Wilmut.

Aunque les cueste trabajo creerlo, y de esto no hay la menor duda, se lo puso en honor a la polifacética cantante estadounidense Dolly Parton (1946), la ‘reina del country’ y en el apogeo de su carrera por aquellos años.

Lo que no termina de estar claro del todo, al menos para mí, es el motivo exacto de la admiración del científico por la artista.

Aunque poco conocida en España, la Parton llegó a vender más de más de cien millones (100 000 000) de discos a lo largo de su carrera. Algo que está al alcance de muy, muy, pocos.

Un enorme éxito musical que la hizo muy conocida, y motivo más que suficiente como para que le hagan cualquier tipo de reconocimiento profesional.

Claro que por otro lado está lo de su anatomía. Como seguro no ignoran, Dolly es dueña de un exuberante busto y lo dejo aquí. Que después todo se sabe. (Continuará)




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