domingo, 28 de octubre de 2012

Rosalind Franklin. La fotografía 51


(Continuación) En 1955 -año en el que muere Albert Einstein, lo digo por situar al lector- conoce a un investigador con el que intimó. Pero por desgracia, a Rosalind, le queda poco tiempo de vida. Mas no adelantemos acontecimientos. Volvamos a la fotografía 51.

Fotografía 51
La fotografía por difracción de rayos X que, a finales de la primavera de 1952, la Franklin obtuvo y que revelaba, de manera inconfundible, la estructura helicoidal de la molécula del ADN, era conocida por Wilkins, junto con todos sus cálculos. Algo frecuente entre compañeros de trabajo.

Lo que ya no es tan frecuente es el espurio uso que hizo de ellos, de fotografía y datos, en un pequeño seminario que dio. Sin más los presentó como si fueran suyo y, naturalmente, sin consentimiento ni conocimiento por parte de ella.

Un comportamiento muy poco ético.


A dicho seminario acudió James Watson (1928) quien, junto a Francis Crick (1916-2004) también estaba estudiando la estructura de la molécula de ADN. Pero ellos se encontraban en un callejón sin salida, pues no lograban desvelarla.

Por el contrario la Franklin no sólo sabía cómo era, sino que la había fotografiado: su estructura era helicoidal. Al acabar el seminario, y ver lo que vio, Watson dijo: “En el instante en el que vi la imagen, mi boca se abrió y mi pulso comenzó a acelerarse”. Ya podía.

Era la respuesta que él y Crick no lograban encontrar. Y estaba allí, ante sus propios ojos. Hipótesis teórica y respaldo experimental de una sola tacada y sin esfuerzo alguno. Algo por lo que cualquiera debería estar agradecido. Pero se ve que ellos no eran ningún cualquiera.

Con dicha información se pusieron manos a la obra y, en pocas semanas, lograron montar un modelo teórico y mecánico de la estructura del ADN. El 25 de abril de 1953 la reconocida revista científica ‘Nature’ les publicaba el artículo con “su descubrimiento”.

En él “sus autores” mostraban al mundo cómo era el ADN.

Una molécula constituida por dos cadenas lineales de polinucleótidos, enrolladas helicoidalmente entre sí y con las bases nitrogenadas, adenina, timina, guanina y citosina, dispuestas a modo de peldaños interiores y unidas por enlaces de hidrógeno. Simple y elegante.

También explicaban el funcionamiento del ácido desoxirribonucleico, donde está contenida toda la información genética, resolviendo el problema de la replicación de genes, previa a la división celular.

Madre de la Genética
De lo que no decían ni pío, los muy desaprensivos, era del papel que había jugado Rosalind Franklin en toda la investigación. Después, pasado el tiempo, dijeron que fue un olvido. Ya.

Pero lo cierto es que, en vida de ella, nunca llegaron a reconocer que habían visto y utilizado la famosa fotografía 51, sin su conocimiento ni consentimiento. Menudo olvido.

Un comportamiento por su parte que está mal, pero que ya no tiene solución.

Por suerte también es cierto que, para esa primavera de 1953, ella ya estaba en Birckbeck ajena a todo, feliz con su amor correspondido y trabajando en sus virus tabaquiles y poliomelíticos.

Y que, a día de hoy, no existe la menor evidencia de que Rosalind llegara a saber que Watson y Crick habían visto su trabajo. Afortunadamente para ella.

De hecho, con el tiempo, los tres se hicieron buenos amigos.

Tras lo que les he contado, comprenderán que nadie dude en considerar a la Franklin como la Madre de la Genética. (Continuará)


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