
Como las hijas de Elena sólo que en este caso, todas eran buenas. O al menos no malas. Que no es lo mismo, pero que viene a ser igual. Vean si no.
Como ya saben P. Tibbets fue el militar que cumplió con el deber de pilotar el bombardero B-29 que transportó a “Little Boy” o “El Flaco”.
Por costumbre, y como comandante del avión, tenía además un derecho: bautizarlo con el nombre que deseara.

Cuente en el descargo de la forma que lo más probable, es que pretendiera rendirle un homenaje, un reconocimiento de hijo agradecido y orgulloso.
En el otro, el del fondo, nos quedaremos con sus declaraciones posteriores, en las que afirmaba desconocer el poder destructivo del “Flaco”. Vaya usted a saber.
A propósito del Enola Gay he de decirles que participó tres días después, como avión de reconocimiento meteorológico, en el ataque a la ciudad de Nagasaki. Más tarde fue modificado para participar en un programa de pruebas nucleares en el Pacífico, en el que no llegó a intervenir.
Posteriormente, en 1949, fue donado al Museo Smithsoniano donde ha estado desmontado y almacenado durante años.

Probablemente el grupo que mejor tecno pop ha hecho en la historia de la música, y además, con el nombre menos comercial de todos los posibles. Fue su primer hit internacional.
Pensándolo bien resulta curiosa, por la singularidad, la situación. Al fin y alcabo, pocos hombres han sido hijos de una Enola Gay, pilotado otra y oído una canción con ese mismo nombre años después.
Por si quieren oírles.
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