Aunque con un imperdonable retraso por mi parte, les traigo una buena noticia de divulgación científica relacionada con Sevilla.
Durante este mes de octubre la Fundación Cajasol y la Universidad Hispalense, organizan unas jornadas de conferencias sobre biología, astronomía y física y sus distintas concepciones a la hora de entender la naturaleza.
Con motivo del bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, el 150º aniversario de la publicación de “El origen de las especies” (de los que ya hemos dado cumplida información en el blog) y de que 2009, como ya saben ustedes, es el Año Internacional de la Astronomía, ambas instituciones organizan estas magníficas jornadas sobre cultura científica en Sevilla en forma de ponencias y mesas redondas.
(Continuación) El efecto Mozart, como otros muchos, es uno más de los descubrimientos ficticios y fraudulentos que se originan en torno a la ciencia.
Como la manoseada influencia de los campos electromagnéticos sobre la salud, que ya trajimos al blog hace unas semanas.
Un experimento espurio
Muchas afirmaciones intencionadas, pero ni una sola prueba. De modo que si quiere (o le interesa) se lo cree (o hace como que) y si no, pues no se lo cree.
(Continuación) Lo cierto es que Campbell, y lo que le rodeaba, se constituyó en un rentable imperio financiero.
El efecto Mozart había nacido, ahora también, para el consumismo ¿Y a todo esto, qué decía la pseudociencia mozartina de la época?
Vamos el Iker Jiménez del Nuevo Milenio de nuestros días, para que se me entienda. Pues se lo pueden imaginar, por seguir en clave musical decía que 'allegro, ma non tropo'.
Es seguro que ha oído hablar de este pretendido “efecto Mozart”. De las supuestas y extraordinarias consecuencias que, sobre el desarrollo de la inteligencia en los niños, la mejora de pacientes con la enfermedad de Alzheimer, el rendimiento intelectual de adultos o la disminución de descargas que sufren sujetos con epilepsia severa, tiene el mero hecho de escuchar la sonata K448 de Amadeus Mozart, durante unos minutos.
(Continuación) ¿María Isabel no estaba ya en la playa, con el mar bañándole la piel? ¿Cómo es que le dice ahora, él a ella, que vayan a la playa, si ya están ahí? O una cosa o la otra. Pero no las dos.
O sí. A lo mejor las dos. Porque, aunque no lo parezca, es posible no haya ninguna paradoja espacio-temporal.
Sencillamente, desde el punto de vista de la ciencia-ficción, el estribillo es un flashback. Como lo está leyendo.
Lo mismo que desde el presente de 1969, viajamos al futuro y vimos a María Isabel chapoteando en pleno verano en la playa desierta. Pues desde ese mismo futuro, ahora, viajamos al pasado, aun estando en el futuro. Y vivimos, auditivamente al menos, la escena en la que se explica, cómo los dos tortolitos fueron a parar allí.
Por lo que se ve, bueno se oye, fue él quien la animó (“Coge tu sombrero y póntelo, vamos a la playa, calienta el sol”). Es de suponer que ya empezaba a estar un poco harto, de permanecer en la gruta en la que se habían ocultado, huyendo de los perversos gorilas que los perseguían. Y quería algo de marcha.
Como pueden ahora comprender, con el verso de marra, pasado y futuro cohabitan en el presente de la canción. Y es que ya les advertí, la canción es “purita” ciencia-ficción. De la buena. Y Los Payos unos monstruos componiendo ciencia-ficción. Por eso están hoy en enroquedeciencia.
Ya de la que va les diré que hay una razón más, la cuarta y también científica, por la que esta canción debe estar en este foro de divulgación. En particular de la ciencia de la sexualidad. Un tema intelectual que me atrae. Qué quieren que les diga.
Yo en esto estoy con Woody Allen, cuando dice que el cerebro es su segundo órgano favorito. Debe ser cosa de la edad. Casi seguro. Pero bueno, vamos a lo que estamos.
María Isabel y la sexualidad
Lo he dejado para el final, porque es el momento culminante de la canción. El que todo el mundo recuerda y tararea. La onomatopeya con la que se alude al acto sexual. Y además es muy fácil de captar.
No hace falta ser una Lorena Berdún, para darse cuenta de que Chiribiribí pom pom pom pom, no es más que una onomatopeya para aludir al acto sexual.
¡No me digan que no es bueno! No creo que haya una forma más explícita de expresar, a la vez que musical y editorialmente radiable, una cópula. Un ayuntamiento carnal en medio de una playa desierta en pleno verano de 1969.
Un cifra que, ahora que lo pienso, también se las trae con toda su simbología de carga erótica. Y además en pleno franquismo. Buenos eran aquellos tiempos para estos asuntos del sexo.
Ni que decirles que si los censores franquistas se hubieran dado cuenta de los que les estoy contando, no sólo no la habrían permitido sino que sus autores habrían acabado con sus huesos en los calabozos de cualquier comisaría.
Un tanto más a favor de la intelectualidad de los Payos.
Volviendo a la canción, Chiribiribí pom pom pom pom, no es sólo una onomatopeya del acto sexual. No. Es más. Es un prodigio de onomatopeya sexual. A poco que lo piense caerá en la cuenta.
Condensa en un único verso las dos partes del coito. A saber. El juego preliminar, chiribiribi, y la penetración posterior, pom pom pom pom. Y todo dicho en unos tiempos que, para esto del sexo, créanme, pintaban bastos.
Bueno era Don Francisco en lo tocante al sexto mandamiento. Como para echarle guindas al pavo. Otra canción que, por cierto, también suyo. Sucede que ...
No fue hasta el pasado martes 22 de setiembre, con el equinoccio de otoño, cuando se puso fin al verano de 2009. Otra cosa es cuando se nos acabó el veraneo, hace ya casi un mes.
Que parece lo mismo esto de verano y veraneo, cuando en realidad no lo son. Pero a lo que iba.
Este verano del 2009 se nos ha ido y lo ha hecho sin la típica y tradicional canción del verano. Es posible que no hayan caído en el detalle. Pero es así. Nada. Ni sombra siquiera de la musiquilla veraniega. Algo impensable hace tan solo unos años.
En la introducción de éste su último libro, Clifford A. Pickover, prolífico autor de conocidos artículos de ciencia y su divulgación, lo retrata a la perfección:
“Donde se discute sobre la definición de ley epónima, sobre las vidas y aflicciones de quienes las descubrieron, sobre ciencia y religión, sobre las diferencias entre leyes y teorías y sobre la distribución geográfica y temporal de los descubridores de leyes”.
Perfecto porque el libro es eso. Un amplio dossier con dos partes bien diferenciadas.
Han de saber que desde el año 632 hasta el 647, Corea fue gobernada por una mujer con unas extraordinarias aptitudes para la ciencia: la reina Sonduk.
Con sólo siete años, formuló una hipótesis para explicar el por qué las peonias no tenían aroma.
Su padre, que ya estaba curado de espantos ante la precocidad de la niña, no pudo por menos que quedarse atónito cuando los científicos corroboraron la hipótesis de la princesita. No se podía negar. La niña era un prodigio de inteligencia.
A lo largo de su vida Sonduk mantuvo siempre gran interés por las ciencias naturales. Durante su reinado mandó construir en Gyeongju, la capital del antiguo reino de Silla, el que sería el primer observatorio de toda Asia, conocido como “Torre de la Luna y las Estrellas”.
En la actualidad este observatorio de piedra, con forma de botella de leche, es una de las estructuras más antiguas del mundo en su tipo. Está considerado como Tesoro Nacional, por lo que preocupa un hecho.
Desde hace unos años, es visible a simple vista, se está inclinando lentamente. Como la torre dePisa. Una inclinación leve pero que de no ser corregida, podría colapsar la estructura en unos cien años.
Esperemos que esta situación cambie. Lo digo por aquello de que nada dura más que el cambio.
También para la peonia, la flor asiática salvaje, las cosas han cambiado. Ahora se cultiva en invernaderos y, gracias a la experimentación, se han conseguido peonias cruzadas. Una de ellas despide un oloroso perfume. Otras se emplean en decoración, estética e investigaciones médicas.
Y de una reina a una esclava
En la colección de relatos conocido como ‘Las mil y una noches’, Sherezade habla de Tawaddud, una joven esclava árabe de excepcional inteligencia.
Cuenta de ella que, llevada a presencia del califa Harun al-Rasid, supo contestar todas las preguntas que le plantearon distintos sabios en filosofía, matemáticas, lógica, religión, leyes, poesía, medicina, retórica, etc.
Sabía tanto o más que los expertos allí congregados y no tenía reparos en demostrárselo. Además poseía cualidades de las que éstos nunca podrían alardear. Era bella, recitaba miles de poesías, tocaba el laúd, cantaba con buena voz, etc. Un símbolo de la mujer científica en la Edad Media, en este caso musulmana.
Aunque no se sepa de ninguna aportación científica de Tawaddud. Lo mismo no la llegó a realizar nunca. O igual lo hizo y fue atribuida a algún hombre. Todo puede ser. Lo que es seguro es que se trataba de una mujer oriental singular: inteligente, activa, culta y valiente.
Quizás por eso la historia de Tawaddud se suele omitir en el libro de relatos noctivagos. Quizás porque se presuponga que resultará aburrido a la mayoría de los lectores. Vaya usted a saber.
A lo que se ve, no había muchas diferencias para las mujeres de aquellos tiempos. Si Oriente encerraba a sus mujeres y las imaginaba liberadas, Occidente las mantenía en libertad y las imaginaba encerradas.
Situada a unos 6300 años-luz de la Tierra en la constelación de Tauro, esta nebulosa tiene un diámetro de 6 años-luz y se expande a 1500 km/s. Unos valores astronómicos. En el doble sentido
Se trata del resto de una supernova cuya explosión duró, nada más y nada menos que, 22 meses. De su observación y documentación como una estrella visible a la luz del día, se tiene constancia por astrónomos chinos y árabes desde el 4 de julio de 1054.
Con posterioridad fue observada en 1731 por John Bevis. Aunque la imagen que les ofrezco fue tomada por el Hubble, el primer gran observatorio espacial lanzado en 1990.
Este remanente de la explosión de una estrella también es conocido como M1, NGC 1952, Taurus A y Taurus X-1.
Aunque no lo crea, en esta vida hay quien cree que existen personas que traen mala suerte.
Seres que a su paso llevan desventuras, generan desgracias, siembran catástrofes o desatan hecatombes. Pero siempre con una peculiaridad.
Todo este cúmulo de accidentes lo sufren sus familiares, amigos y compañeros. Y ocurren en aquellos lugares donde se ha detectado su presencia, ya sea ésta próxima o lejana, recuerden este detalle. Pero, ¡ojo!, a él no le afectan.
Lleva la mala suerte consigo, pero no es para sí. Es para los demás. Ésta es una característica de los gafes y de su condición, llamémosla gafismo.
No. No es Martin Cooper, el premiado ingeniero de la empresa Motorola, haciendo su famosa primera llamada desde un 'radioteléfono portátil', el de abril de 1973. Ese momento, por desgracia, no quedó inmortalizado fotográficamente.
Pero éste, unos días después, protagonizado por John F. Mitchell, vicepresidente de Motorola, sí. Ahí lo tienen en el mismo centro de New York posando con su zapatófono de color blanco.
Como lo prometido es deuda, aquí me tienen para saldarla y además con mucho gusto. Calendario revolucionario es la expresión utilizada para nombrar en realidad a dos calendarios distintos.
A dos reformas radicales del mismo, que se realizaron en dos países diferentes y ambas por motivos no estrictamente científicos y técnicos, sino también políticos.
En orden cronológico son el Calendario republicano francés o Calendario de la Revolución Francesa, que entró en vigor el 24 de octubre de 1793 y fue abolido el 1 de enero de 1806, aunque de las fechas habrá que hacer alguna aclaración más adelante.
Ella completa la "manita" de líneas de nuestro particular Metro de la Ciencia, y lo hace por orden de antigüedad. La de la disciplina conocida como Química, la de color celeste.
Casi veintitres siglos ya de conocimiento os contemplan, bajo los símbolos de su cabecera de línea, sus estaciones, su vía muerta y sus transbordos.
Y en ella la lista de los más grandes se hace interminable. Para no aburrirles, mejor le echan una ojeada al plano. A su gusto.
Y las disciplinas con las que se cruza en su recorrido ya las ven: Filosofía Natural, Física y Biología Moderna.
Como sucede con los suburbanos, no le falta tampoco su vía muerta. Ésa vieja idea del flogisto.