(Continuación) Y en los países del oeste, también del norte, de Europa (Reino Unido, Irlanda, Portugal o nuestras Islas Canarias) prefieren el horario de invierno, no solo desde el punto de vista de la salud y el ritmo biológico sino porque, además, así evitan que el día empiece a oscuras al alinearse mejor con la luz solar natural y los ciclos de descanso.
Aunque, todo hay que decirlo, no faltan consultas
(CIS u organizaciones de consumidores) en las que parte de la población y
ciertos sectores económicos (hostelería y ocio) suelen inclinarse por el
horario de verano. Ya sabe.
¿Cambiar o no cambiar la hora? Este europeo
Mientras, los países del este, también los del sur,
prefieren el horario de verano permanente para evitar los atardeceres tempranos,
que el sol se ponga demasiado pronto y no perder la tarde. En este sentido, en la consulta pública de la Unión
Europea sobre el cambio de hora, Polonia, se manifestó con un 72% a favor de
mantener el horario de verano de forma fija.
Así que en esas estábamos en los antañones del siglo pasado, estamos en este y ya veremos hasta cuándo; el caso es que, debido a la falta de consenso entre los estados miembros de la Unión Europea para elegir un huso horario fijo, el sistema de cambio de hora estacional -adelantar en primavera y atrasar en otoño- sigue vigente.
Todo, antes que la amenaza que supondría convertir
el mapa europeo en un caótico mosaico de zonas horarias inconexas, no lo
permita Dios; como dice la expresión popular Sea el santo que fuere, ‘ora
pro nobis’, sin que importe qué santo sea o quien te eche una mano.
Y, claro, también estamos nosotros, los humanos, que
seguimos atrapados en este limbo político, moviendo las manecillas del reloj
año tras año o viendo cómo los aparatos electrónicos lo hacen por sí mismos; sí,
sin duda, las ciencias adelantan que es una barbaridad.
Por cierto, un pajarillo que suele sobrevolarme mientras escribo me pía, a propósito de los deseos de Dios y sobre el caos, una frase de Juan de Mairena, el profesor ficticio y heterónimo creado por mi poeta de cabecera, «Lo que pasó fue que Dios vio el Caos, lo encontró bien y dijo: “Te llamaremos mundo”».
¿Y hasta cuándo
estaremos cambiando?
Pues depende, pero tengo para mí que ésta no
será la última vez. Por lo que tengo leído nada ha cambiado últimamente así
que, a expensa de que cada país decida con qué horario se quiere quedar,
estaremos cambiando algún que otro año más. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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