[Esta entrada apareció publicada el 02 de octubre de 2026, en el semanario Viva Rota, donde también la pueden leer]
(Continuación) Pero el habanero fue solo el principio.
Los científicos se
pusieron a ello y hacia 1915 ya se conocían más de doscientos mares de
ardora por todo el mundo, de los que hoy sabemos cuál es su causa que, por
cierto, nada tiene que ver con las fantasías de los marineros en los siglos
XVII y XVIII, y mucho con lo que apuntaba el escritor francés a finales del
XIX, que en absoluto andaba descaminado. Y así, a lo largo del siglo XX la
ciencia explicaba la realidad de estos “mares de leche” y en 2005 se conseguía
incluso fotografiar este fenómeno a través de un satélite oceanográfico.
¿Qué es la bioluminiscencia? Pues la propiedad que tienen algunos organismos vivos para producir y emitir luz de manera natural; una capacidad inusual en ecosistemas terrestres -sólo algunos insectos como las luciérnagas y un centenar largo de especies de hongos que emiten luz verde en zonas húmedas- aunque bastante común en el entorno marítimo donde muchos tipos de organismos desde bacterias o dinoflagelados hasta calamares y peces de las profundidades, pasando por ctenóforos y medusas tienen algunas especies bioluminiscentes.
Las últimas estimaciones consideran que hasta un 90% de los
seres que habitan en la porción media y abisal de los mares podrían ser capaces
de producir luz de un modo u otro, ya le digo. Para el caso marino que nos trae,
el fenómeno tiene lugar cuando se produce una alta concentración, miles de
millones de ejemplares, bien de bacterias (Vibrio harveyi) o de microalgas
del plancton de una especie de dinoflagelado denominada Noctiluca
scintillans y conocida popularmente como “chispa, fantasma o fuego de mar”
dado el brillante color verdoso o azul neón que emiten al ser agitadas por las
olas, las embarcaciones o la presencia de otros seres vivos.
Sí, la Noctiluca es la causante del mar de ardora, una bioluminiscencia natural que se extiende en todas direcciones y cuyo efecto lumínico se puede manifestar durante horas o, incluso, días. No se trata de contaminación ni es un fenómeno artificial, estamos ante un mecanismo animal natural bien: de defensa, para despistar o asustar a los depredadores; de atracción, para cazar presas o encontrar pareja en la oscuridad; o de comunicación, para enviar señales entre ejemplares de la misma especie.
Es así, estas algas, como cualquier otro organismo vivo que se siente
atacado, utilizan el mecanismo de defensa que han desarrollado durante su
evolución, a fin de intentar rechazar al agresor; y su técnica pasa por
deslumbrarlos con su brillante luz a la vez que hacerlo visibles, poniéndolos
en peligro de ser devorados por otros cazadores. ‘La ciencia se compone de
errores que, a su vez, son pasos hacia la verdad’. Julio Verne. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
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