lunes, 12 de octubre de 2026

DCPS. Calle Fray Luis de León (2)

(Continuación) Como puede ver de lo mejorcito de cada casa, por así decirlo, y todos ellos juntos a fin de elaborar los cálculos matemáticos necesarios para corregir el desfase temporal del antiguo calendario juliano, que ya era más que considerable por esas fechas. Un elenco en el que estaba Fray Luis de León por méritos propios dada su demostrada erudición bíblica-astronómica tanto en prosa como en poesía acerca de los cuerpos celestes y sus movimientos en los cielos.

Un conocimiento espoleado no solo por la curiosidad en su observación propiciada por el lugar de los hechos, universidad de Salamanca, sino por la época que le tocó vivir, de transición entre la cosmología tradicional y las nuevas ideas renacentistas. Ideas como las planteadas por Nicolás Copérnico tras casi cerca de veinticinco años de trabajo y desarrollo, y publicadas en su, casi póstumo, De revolutionibus orbium coelestium (1543) como modelo heliocéntrico desencadenante de la conocida “revolución copernicana”.

Escritos astronómicos luisinos

El caso es que Fray Luis nos habla de su contemplación del cielo tanto en su poesía como en su prosa. En el primer caso en poemas tan célebres como Oda a la noche serena (circa 1572) donde refleja una profunda admiración por la bóveda celeste y utiliza la armonía del cosmos como vía para elevar el alma hacia lo divino; ya sabe cómo son algunos hombres de Dios para estas cosas. 

Y aunque prácticamente no coincidió temporalmente con el pisano, ni parece que hubiera una relación directa entre ellos, no faltan exégetas que sostienen la existencia de una curiosa conexión poética y científica en torno a la observación renacentista del cielo. En concreto una temprana coincidencia  sobre el planeta Saturno, como lo lee, y la encuentran en esta famosa Oda y en los siguientes versos, ‘rodéase en la cumbre / Saturno, padre de los siglos de oro’ interpretando el “rodéase”, se rodea o ciñe, como una alusión a los anillos de dicho planeta. Ahí lo dejo.

Sin embargo, para otros tantos, esta mención no pasa de ser una metáfora poética, ¿una intuición?, inspirada en la armonía del cosmos más que una observación astronómica cierta, realizada con algún catalejo; básicamente porque la historia de la ciencia atribuye el descubrimiento de los anillos saturnianos a Galileo en 1610 y utilizando un telescopio, es decir, casi veinte años después de la muerte del fraile por lo que difícil resulta hacerlos coincidir. También lo hace, le decía más arriba, en diferentes fragmentos de su obra ahora en prosa, como ocurre en la posterior Exposición del libro de Job que, probablemente, empezó a escribir en 1583 mientras estaba en la cárcel de Valladolid. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

[**] El original de esta entrada fue publicado el 14 de septiembre de 2026, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.

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