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(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

jueves, 11 de abril de 2013

A propósito de los pavos reales hispalenses (1)


Aunque con pesar por el retraso, cumplo con gusto el compromiso contraído de dar respuesta a la cuestión planteada hace unos días: ¿Por qué los pavos cruzaron la Palmera?

Un sucedido verídico cuya historia comenzó en realidad, hace ahora, prácticamente un año, en plena primavera de 2012.

Cuando los responsables del Ayuntamiento, a través de la Delegación de Urbanismo y Medio Ambiente, se plantearon la reintroducción y aclimatación de pavos reales y otras especies de anátidas, en la Isleta de los Pájaros del Parque de María Luisa.


Una de las zonas del recinto más degradada urbanísticamente, y donde diversas especies de animales tuvieron en tiempo su hábitat, pero de la que, por una razón u otra, habían desaparecido por completo.

Una buena decisión municipal por tanto. Entre otras aves se volvieron a introducir cisnes, ánades de otras variedades, patos mandarines, barnaclas, pavos reales de diferentes colores y variedades y cercetas.

Desde entonces, esta nueva presencia de fauna ha llamado la atención de grandes y pequeños y aportado cierta distinción al entorno natural, a la vez que, es de esperar, haya servido de llamada de respeto hacia los animales en particular y el entorno urbanístico en general.

Lo que está bien como reclamo a modo de llamada de atención. De ecología urbana.

Pero que se ve, no era suficiente. Al menos para los pavos reales. Ellos han querido poner una nota de distinción. La que aporta su cruce por el paso de peatones, a modo de “Abbey Road” escarabajero y londinense, solo que en su caso pavero y sevillano.

Cruzando la Palmera
Ya lo hemos comentado. Ocurrió el pasado Martes Santo alrededor de las once de la mañana.

Ante los atónitos ojos de quienes estaban allí, peatones y automovilistas, seis pavos reales seis, cruzaron la Palmera en el sentido de Parque de María Luisa a Jardines del Líbano.

Y lo hicieron impertérritos, sin inmutarse, a pesar de ser una de las vías públicas con mayor circulación y de no ser conducidos por ningún cuidador humano.

Además no lo hicieron de cualquier manera. No señor.

Para empezar utilizaron un paso de peatones. En concreto el que está a la altura de los pabellones de Brasil y Colombia. Después esperaron a que el semáforo se pusiera en verde y el tráfico estuviera detenido. Y por último lo hicieron tranquilamente, sin correr.

Animalitos. Cómo se nota que no son humanos.

Ése fue el momento que inmortalizó la fotografía y motivo de esta entrada. Pero claro, no desviemos el foco, ¿por qué los pavos reales cruzaron la Palmera?

¿Por qué? dixit Mou.

Pavos reales en celo
Dicho lo dicho y puestos en contexto, es hora ya de que pasemos a explicar la razón del cruce semafórico pavero. Es de naturaleza biológica, lo es porque los pavos reales estaban en celo.

Recuerden estamos estrenando primavera. Con su llegada la iluminación solar y la temperatura diarias aumentan, y con ellas, con las subidas lumínica y térmica, se desencadena el ritmo ascendente de la savia vegetal y la sangre animal.

Ya conocen el dicho popular.

Que es cierto y, además, afecta a toda la naturaleza. A toda sin excepción.

También a los pavos reales. Que saben que la primavera ha venido y, sin plantearse cómo ha sido, no pierden el tiempo. Y se ponen a lo que están, a lo suyo. Buenos son los pavos reales para estas cosas. Ellos no entienden de poesía.

Unas aves territoriales y polígamas, estos pavos, que en la época de celo y reproducción, la estación de la primavera, naturalmente van y se aparean. Por lo general un macho con seis hembras.

No. Tampoco se parecen en este aspecto a los humanos. Que más quisieran algunos. (Continuará)


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