Los virus son virus.

André Lwoff, virólogo y Premio Nobel en Medicina de 1965 (1902-1994)

sábado, 10 de septiembre de 2011

Mozart, Sevilla y Ciencia (y II)


(Continuación) A propósito de este doble cambio de posición mozartino, tal vez habría que resaltar que no es exclusiva del compositor. No son pocos los monumentos sevillanos que gozan de esta movilidad o capacidad motora.
Una propiedad que nada tiene que ver con las leyes de la Física ya que se adquiere sólo y por el mero hecho de estar en Sevilla. Sevilla tuvo que ser.
Es la Cinemática -el primer apartado cronológico de la Física, que como bien saben es la primera de las ciencias experimentales, creada por el gran Galileo Galilei- la ciencia que se encarga del estudio del movimiento de los cuerpos. 

Un asunto de graves por tanto.

Mozart y la Ciencia
Les decía más arriba que la relación del compositor austríaco con la ciudad era más que evidente. Por desgracia no ocurre lo mismo con la Ciencia.
Salvo que ricemos el rizo, y aceptemos sin más que la música es una ciencia. Lo que, pensándolo con detenimiento, tampoco sería desechable de entrada. Pero no es el asunto que me trae aquí.
Y no lo es porque me vinieron a los ojos hace unos días unos versos de poeta sevillano Luis Cernuda: “Si alguno alguna vez te preguntase, / la música, ¿qué es? Mozart, dirías, / es la música misma [...]”.
Así comienza el primer poema, titulado Mozart, y contenido en su último libro, Desolación de la Quimera, escrito en 1956. Justo el año en el que se cumplían doscientos del nacimiento del músico.
Más adelante, en el mismo poema podemos leer: “Y en el norte halló eco, / entre las voces de poetas, filósofos y músicos: / ciencia del ver, ciencia del saber, ciencia del oír [...]”.  

O sea, que no iba mal encaminado en mi idea de asociar música y ciencia.


Ya, ya. Estoy de acuerdo. No es la ciencia de la que les suelo hablar. No la aceptada en el sentido etimológico, pero qué quieren.
Me gusta la ciencia y me gusta Mozart, de modo que aprovecho cualquier oportunidad para unirlos.
El propio Einstein, que con trece años se enamoró de las sonatas de Mozart y, desde entonces, la música fue para él una necesidad interior y el violín su inseparable compañero, dijo: “Mozart es el más grande compositor de todos. Beethoven 'creó' su música; la de Mozart es de tal pureza y belleza que uno siente que simplemente la 'encontró'”.
Y sí, ya lo sé. Esto no es un juego y pulpo no se puede aceptar como animal de compañía.

De modo que recojo, pero continúo hablándoles un poco más de la estatua de Mozart en Sevilla.
Mejor dicho del material del que está hecha la estatua que es el bronce. Es decir una aleación

Una disolución o mezcla sólida homogénea bien de dos o más metales, o de metales y no metales.


1 comentario :

Ernesto Carmona dijo...

Me gustan más las entradas más científicas de física y química y matemáticas. De todos modos me gusta el blog.