Un organismo se alimenta de entropía negativa.

Erwin Schrödinger, físico austríaco (1887-1961)

miércoles, 2 de mayo de 2018

‘Mechanism of the Heavens’. Mary Somerville

(Continuación) Una relación que contada de forma suscinta empezó con un Napoleón como alumno de Laplace en la Academia Militar, pasó por la dedicatoria que le hizo del tercer volumen de su Mécanique céleste donde le elogia como “el pacificador de Europa” y termina con un Laplace Ministro del Interior de Napoleón.
Un cargo que duró poco, no pasó de las seis semanas, ya que éste lo echó, furioso al enterarse de que aquél había introducido los infinitesimales en la Administración. No es broma. Estas cosas suceden. Claro que después el hombre se vengó. Y es que a veces suele ocurrir que, como científico, se puede ser enorme por la obra realizada pero, como hombre, resultar un mezquino por el comportamiento. Humanos al fin y al cabo.
No, vuelvo de nuevo a las citas, no creo que sean ciertas. Pero han de saber que soy poco de fiar, para que se hagan una idea, uno de esos que no creen que el escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880) llegara a decir aquello de “Madame Bovary soy yo”. No, no lo creo, es así. Llámenme descreído, que no sólo lo entenderé sino que lo comprenderé, mas es lo que pienso y creo. Entiéndanme ustedes también.
Y con esa esperanza vuelvo sobre la obra o bien dicho, sobre una traducción de la misma y su autora.
Mechanism of the Heavens
Apenas habían transcurrido un par de años desde que Laplace acabara su afamada obra Traité de mécanique céleste, estamos en 1827, cuando la Royal Society instó a la matemática, astrónoma y científica escocesa Mary Somerville (1780-1872), eso sí a través de su marido ya saben cómo eran las cosas en aquellos tiempos, para que la tradujera al inglés.
La idea era que la traducción formara parte de una pequeña colección de carácter divulgativo de las nuevas teorías científicas, pero para un público no experto, algo admirable para aquellas fechas. Y se trata de un proyecto que agrada y mucho a la matemática, pero para el que duda tener capacidad suficiente. Tanto es así que aunque al final accede, lo hace con la condición de que si el trabajo no tiene la calidad suficiente, debería ser destruido. Dicho y hecho.
Se puso manos a la obra con presteza pero le costó cuatro años llevarlo a cabo. No en vano tuvo que compaginar obligaciones familiares y sociales con otros trabajos científicos, y todo para al final, tener dudas de su calidad científica y no querer entregarlo para su publicación. Como se lo cuento. Así de sencilla y humilde era.  
No obstante y a pesar de lo que ella piensa, el trabajo es tan extraordinario que los editores -a instancias del matemático y astrónomo inglés John Herschel (1792-1871), hijo y sobrino de William y Caroline Herschel-, se hicieron con él y lo publicaron con el nombre de ‘Mechanism of the Heavens’.
Pero ojo, no lo hicieron como un trabajo divulgativo para legos, que era la primera inteción, sino como un tratado de importancia fundamental en este campo de conocimientos. Porque lo que hizo la Somerville fue más, mucho más, que una buena traducción. (Continuará)
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