Equipado con sus cinco sentidos, el Hombre explora
el Universo que lo rodea y a sus aventuras las llama Ciencia.

Edwin Hubble, astrónomo estadounidense (1889-1953)

martes, 22 de mayo de 2018

Congreso de Karlsruhe (1860)


(Continuación) Se trataba de la primera conferencia internacional de química y probablemente fue el acontecimiento científico más importante de la segunda mitad del siglo XIX. Una experiencia que sirvió de modelo en posteriores congresos a otras áreas de la ciencia.

Asistieron ciento cuarenta (140) químicos de doce países diferentes (EE.UU. denegó la invitación) y por parte de España sólo acudió el químico y farmacéutico Ramón Torres Muñoz de Luna (1822-1890). Sin lugar a dudas se puede afirmar que en dicho congreso nació la actual química moderna pues en él se fijaron las primeras normativas para este campo de conocimientos.
No en vano se definieron y diferenciaron los conceptos de átomo y molécula, se establecieron unidades para las masas atómicas y se uniformó la nomenclatura y formulación química. Naturalmente la aceptación de las propuestas supuso el triunfo de la Teoría Atómico-Molecular para la materia
No entraremos por razones de espacio y tiempo en más detalles, pero no podemos dejar de comentar que fue en este congreso donde el químico italiano Stanislao Cannizzaro (1826-1910) distribuyó copias de su famoso ‘Sunto di un corso di filosofia chemica’ (Resumen de un curso de filosofía química).
El mismo en el que planteaba la necesidad, tanto de diferenciar átomo y molécula, como la de calcular las masas atómicas teniendo en cuenta la hipótesis del físico y químico italiano Amedeo Avogadro (1776-1856), del que seguro tienen un recuerdo escolar, quizás no grato, de su famosa ley y el elevadísimo número asociado. Una hipótesis que por cierto dormía el sueño de los justos desde que fuera enunciada casi cincuenta años antes, en concreto en 1811. Toda creación, para triunfar, necesita esperar su momento.
Es más que probable que la lectura de la ‘filosofía química’ de Cannizzaro influyera en la mayoría de los asistentes. Y así Borodin, que hasta entonces había utilizado exclusivamente en sus trabajos los denominados pesos equivalentes (C = 6, O = 8), tras el congreso empezó a utilizar también los nuevos pesos atómicos (C = 12, O = 16).
Y por supuesto influyó en el joven Mendeléiev y en la primera versión de febrero de 1869 de su Tabla Periódica, que por aquel entonces solo contenía sesenta y tres (63) elementos ordenados en orden creciente de masas atómicas. Como seguro saben la actual tabla cuenta con ciento dieciocho (118) elementos.
Borodin oftalmólogo
Tras el congreso y un viaje de estudio a Italia con su compañero y amigo Mendeléiev, Borodin vuelve a París. Allí acude a diferentes cursos de física-química, asiste a conferencias, compra instrumental de laboratorio pagado de su propio bolsillo y puede por fin entrevistarse con el químico e historiador francés Marcellin Berthelot (1827-1907). Por fin, porque unos años antes intentó conocerlo y no pudo ser. Esta es una historia que no les comenté en su momento.
Resulta que Borodin, a pesar de graduarse como primero de su promoción, ser nombrado profesor ayudante de patología general, después cirujano del segundo hospital militar del país, y haber defendido su tesis doctoral el hombre ¡se desmayaba al ver la sangre! Estas cosas ocurren.

El caso es que, con buen criterio, nunca llegó a ejercer la cirugía práctica y muy pronto se decantó por una especialidad digamos menos sangrienta: la oftalmología(Continuará)
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