Cada uno es cada uno.

Rafael Guerra Bejarano, "Guerrita", torero español (1862-1941)

domingo, 27 de mayo de 2018

Algunas científicas del siglo XIX (1)

(Continuación) Una frase que bien podríamos considerar irónica y también manzanil contraréplica, a la opinión del gran Verne sobre el papel y las limitaciones de la mujer. Recuerden.
Ambos sucedidos tuvieron lugar en un jardín y con una manzana de protagonista principal, pero uno estaba asociado al más que real y universal fenómeno de la gravitación con el gran Newton como coprotagonista mientras paseaba por su jardin, y el otro al supuesto pecado original con Eva y Adán, nuestros primeros padres, como coprotagonistas mientras retozaban por el paraiso. Manzana, serpiente y ombligo, ya saben, pero esa es otra historia.
En la que nos trae sobre la mujer, los hombres y la ciencia, los prejuicios y convencionalismos que ellos tenían sobre ella, también afectaban a su vertiente laboral cuando la mujer se convertía en trabajadora. Y así en 1860 Jules Simon, un legislador francés, llegó a decir que “una mujer que se pone a trabajar deja de ser mujer”.
No es más que una, otra en realidad, magnífica ilustración del ya viejo y antañón debate: la (im)posibilidad de que las mujeres puedan compaginar su papel de amas de casa con el de trabajadoras en la calle ¡Como si las mujeres no hubieran trabajado en casa, y fuera de ella si hacía falta, desde siempre! Un oscuro asunto éste sin duda, que para más inri se tornaba casi negro porque han de saber que no sólo los hombres pensaban así. Por desgracia en las postrimerías del siglo, no faltaban mujeres que compartían las mismas ideas. Cosas de la educación, lean:
“Las mujeres pueden permitirse enseñar por la mitad, o incluso menos, del salario que pediría un hombre, porque la profesora sólo tiene que mantenerse a ella misma; no espera ansiosamente el deber de mantener a una familia, porque entonces se casaría, ni tiene la ambición de amasar una fortuna”. En estos términos se expresaba en 1860 la educadora Catherine Beecher en pleno Congreso de EE.UU., firmemente convencida del casi santificante rol de la mujer en el entorno familiar.
Una opinión a considerar pues no es la una persona cualquiera. Catherine procedía de una familia de ministros, escritores y abolicionistas, por ejemplo era hermana de la conocida escritora Harriet Beecher autora de la famosa novela La cabaña del tío Tom. Así que ya ven. Pero bueno, es algo sabido. Los hombres, sus derechos y nada más; las mujeres, sus derechos y nada menos. (Continuará)
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