Todos somos ignorantes,
pero no todos ignoramos las mismas cosas.

Albert Einstein, físico germano-estadounidense (1879-1955)




miércoles 23 de diciembre de 2009

Jane Goodall o Lady Chimpancé (I)

Nacida en 1934 en el seno de una modesta familia londinense, la pequeña Jane apenas tuvo contacto con el colegio y los libros.

Lo que sí hacía era leer todo aquello que caía en sus manos, siempre que estuviera relacionado con los animales salvajes.

En especial los del continente africano. Le encantaban.

Desde este punto de vista, ya había nacido libre.

Tan atraída se sentía por las películas de Tarzán, que sus padres le regalaron un pequeño chimpancé de peluche. Para siempre fue su compañero inseparable. Para siempre.

Trabajando como secretaria en una empresa, su vida cambió cuando tuvo la oportunidad de ir a África. Allí entabló contacto con el paleontólogo Louis Leakey, que le ofreció participar en una investigación sobre el chimpancé.

Impresionado por los conocimientos que tenía Jane de la fauna africana, el científico lo vió claro. Sería su “chica de los chimpancés”.

Ella tiene veintiséis y aunque no lo sabe, está a punto de iniciar un camino que, años después, recorrerían otras mujeres. Serían conocidas como las "Chicas Leakey".

Una precuela científica de las televisivas 'Ángeles de Charly'.

En compañía de mamá
Para su trabajo Jane debe viajar al lago Tanganika, pero el hecho de ser una mujer joven e inexperta hace que las autoridades británicas le nieguen el permiso.

Inexcusablemente debía ir acompañada de su madre. Si no, no había viaje. Eran otros tiempos.

Eso es lo que había y como nadie puede dudar que madre no hay más que una, hete aquí en julio de 1960, a madre e hija instaladas en el Parque Nacional de Gombe.

Jane comienza sus investigaciones sobre los chimpancés salvajes de la reserva.

Por esa época se calcula que en el mundo, podría haber una población de un millón de chimpancés.

A base de paciencia y perseverancia se ganó la confianza de los simios, integrándose con ellos y consiguiendo ser aceptada como uno más.

Los observaba muy de cerca y lo que descubre la deja perpleja. Son animales con comportamientos, habilidades, y formas de comunicación parecidas a las de los seres humanos. Sorprendente.

Pero no todo es trabajo en la vida de Jane. También hay tiempo para el amor. En 1964, contrae matrimonio con un fotógrafo con el que tiene un hijo.

Y para la universidad. Al año siguiente regresa a Inglaterra para obtener el doctorado en Etología por Cambridge. Pero de nuevo a sus chimpancés. A su estudio.

Primos hermanos
Los descubrimientos de la Goodall no cesan: los chimpancés son capaces de emplear palos para extraer termitas de sus nidos; de utilizar plantas medicinales para sanarse; de comunicarse a través del lenguaje corporal, las expresiones faciales y el sonido; o de adoptar a crías cuyas madres han muerto.

Cada vez hay menos dudas. Son parientes cercanos nuestros.

En 1971 escribe ‘En la senda del hombre’, donde relata gran parte de sus investigaciones. Se convierte en una de las obras científicas más leídas.

Por el contrario, en lo personal las cosas no le van bien. Se divorcia en 1974, se vuelve a casar en 1975 y enviuda en 1980. En fin, la vida misma.

Se refugia en el trabajo y por esta época, es espectadora de lujo de una guerra entre dos grupos vecinos de chimpancés. Lo hacen, casi, con la misma crueldad humana.

La contienda duró cuatro años y acabó con la extinción total de uno de los grupos.

Sí. Somos primos hermanos. Seguro. De todos modos, ella suele decir que “prefiere algunos chimpancés a algunos humanos”.

JGI
En 1977 funda el ‘Instituto Jane Goodall’ (JGI), destinado al estudio y protección de las poblaciones de chimpancés. Y continúan las sorpresas.

Descubre que los machos establecen alianzas políticas, para hacerse con el poder dentro del grupo; que no son estrictamente vegetarianos; que luchan por su territorio al igual que los humanos; etcétera. (Continuará)

martes 22 de diciembre de 2009


Charles Robert Darwin, biólogo inglés (1809-1882)

lunes 21 de diciembre de 2009

Los huevos de Euler

Como lo prometido es deuda aquí lo tienen:

"Dos campesinas llevaron en total 100 huevos al mercado. Y aunque una de ellas tenía más mercancía que la otra, obtuvo la misma cantidad de dinero.

Una vez vendidos todos, la primera campesina dijo a la segunda: 'Si yo hubiera traído la misma cantidad que tú, habría recibido 15 cruceros'.

La segunda contestó: 'Y si yo hubiera vendido los huevos que tú tenías, habría sacado de ellos 6 2/3 cruceros' ¿Cuántos huevos llevó cada una?
"

Y ya que lo ha leído, ¿me puede mandar la respuesta en cuanto la tenga? Por si no es así, me comprometo a ponerla en breve. El problema tiene cáscaras.

domingo 20 de diciembre de 2009

La Cruz Roja

Todo comenzó cuando la calurosa tarde del 24 de junio de 1859, el ginebrino Jean Dunant llegaba a Solferino, un pueblo del norte de Italia.

Iba allí para cerrar un negocio sobre los derechos de uso del agua con el emperador Napoleón III. O al menos eso es lo que él esperaba.

Sin embargo el destino que le aguardaba era muy diferente.

En las afueras del pueblo estaba a punto de librarse una brutal y cruenta batalla entre los ejércitos de Francia y Cerdeña, liderados por Napoleón III, y el de Austria que resultó vencido.

Más de 100 000 soldados se enfrentaron, de los que cerca de 30 000, y otros tantos de heridos, quedaron abandonados en el campo de batalla, casi sin recibir ayuda ni atención sanitaria.

Ése fue el cuadro que presenció Dunant, que tuvo claro lo que debía hacer. Pasó de ser un pasivo observador a convertirse en protagonista activo.

Interrumpió su viaje de negocio y se apresuró a crear, con la ayuda de la gente del pueblo, un hospital de campaña en las inmediaciones del pueblo. Ni se lo pensó.

He aquí que el improvisado campamento hospitalario de Solferino se convirtió en el primer hospital de la Cruz Roja en el mundo.

'Tutti fratelli'
De este hecho se han cumplido este año su sesquicentenario. Y como en cualquier hospital de la Cruz Roja de hoy, en el de Solferino se atendieron a todos los contendientes de ambos bandos.

Lo hicieron sin tener en cuenta sus nacionalidades. Todos los heridos eran atendidos con el mismo celo: franceses, árabes, italianos, austriacos, eslavos, alemanes. Todos por igual.

Como decían las mujeres mientras les cuidaban, 'sono tutti fratelli'. Todos somos hermanos.

Y así es hoy. Como ayer lo fue.

Sin discriminación por motivos raciales, de nacionalidad o de pertenencia a uno u otro ejército.

El principio básico sigue siendo el mismo. Un enemigo caído ya no es un enemigo. Un soldado herido no tiene nacionalidad.

Unos comienzos modestos pero ambiciosos
De vuelta a Suiza, Dunant, horrorizado por la experiencia vivida, se propuso poner todo de su parte, para paliar el sufrimiento que produce el horror de la guerra.

Escribió por su cuenta un libro sobre lo que vivió. Lo tituló 'Memorias de Solferino' y la verdad es que no esperaba mucho de él. Aunque planteaba ideas tan importantes como: "Cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente cualificados para su trabajo".

Sin duda la plasmación y concreción de esa idea fue el germen del que nacería la Cruz Roja.

Por otro lado, y aparte del libro, Dunant se reunió con cuatro amigos. Querían elaborar unas posibles reglas de guerra encaminadas a aliviar el sufrimiento bélico.

Después fundaron un comité de ayuda a las víctimas. Y por último una organización que cuidara a los heridos de guerra.

Ésta estableció la protección absoluta contra ataques, tanto para los hospitales como para el personal médico que estuviese tratando a los heridos.

También dispuso que los soldados heridos debían de ser tratados de forma igualitaria. Y bueno, así un sinfín de ideas benefactoras.

Y estos ideales humanitarios pronto recabaron apoyos. El libro se convirtió en un best seller y su organización humanitaria, en un éxito mundial.

Ya en 1864, sólo cinco años después de la batalla, un total de 16 países firmaban la primera Convención de Ginebra. Con ella nacía la cruz roja sobre fondo blanco como símbolo de la ayuda humanitaria.

Tras la convención, otros muchos pasos se han dado hasta el actual Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna.

Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna

En la actualidad el Movimiento Internacional es global. Está presente en 186 países y cuenta con 125 millones de miembros.

Un cambio importante y para bien. También han cambiado sus retos.

En Solferino sólo hubo una baja civil, mientras que ahora se estima que el 90% de las víctimas de guerra son civiles.

Tampoco tuvo que pensar entonces Dunant en los detenidos políticos. Y hoy ya ven. Ya se sabe, a tiempos diferentes, retos distintos.

Hoy sus acciones van encaminadas a: combatir la miseria, atender a los ancianos, visitar presos, explicar a los guerrilleros las normas de la Convención de Ginebra, ofrecer socorro a las víctimas de catástrofes, y un largo etcétera.

Pero los principios básicos siguen siendo los mismos que hace 150 años. Y lo que empezó como un hospital de campaña, hoy es la mayor organización humanitaria. Por eso no son pocos los que piensan que Henri Dunant fue un visionario.

Yo estoy totalmente de acuerdo. Y me parece magnífico que le concedieran el primer Premio Nobel de la Paz en 1901.

Por eso me molesta que a Obama también le hayan otorgado el Premio Nobel de la Paz 2009.

La verdad es que el presidente estadounidense no resiste la comparación. Qué quieren que les diga.

sábado 19 de diciembre de 2009

Más hiperrealismo boligráfico


De nuevo el artista del BIC. Una maravilla.

viernes 18 de diciembre de 2009

El Síndrome de Stendhal (y II)

(Continuación) Se da la casualidad que Galileo, no sólo nació el mismo año en el que muere Miguel Angel, sino que lo hace en el mismo mes, febrero, y casi en el mismo día.

Uno el 18 y otro el 14. Estas cosas pasan.

Pero ésta es otra historia que, a no mucho tardar, traeremos a este negro sobre blanco. Y volvamos a lo de las tumbas.

Han de saber que la de Galileo que se ve allí es una impostura. Está vacía.

No es ahí donde yacen, en realidad, sus restos. No en vano, hasta hace muy poco, el iniciador de la Física, estaba considerado como un científico herético.

Ya saben de sus diferencias astro-cinemáticas con la Iglesia. Él afirmaba que era la Tierra la que se movía en vez del Sol y, claro, eso no podía ser. La Biblia dice todo lo contrario. Así que "Vade retro, Galileo".

Lo cierto es que sus restos reposan en una capilla anexa de la propia iglesia. Una a la que no se puede acceder, por no estar abierta al público. Por ahora. Quedamos en espera de mejores tiempos. Como dicen que dijo el científico: “Eppur si muove”.

Literato y matemático
Si bien todo lo que les he contado más arriba es relativamente conocido, lo que quizás no lo sea tanto, y vuelvo al litera-matemático, es la extraordinaria capacidad que tuvo Stendhal para las matemáticas.

Estudió en la Escuela Central de Grenoble, ciudad en la que nació y que, por cierto, aborrecía.

Hablaba de ella y sus gentes como de un “cuartel general de la mezquindad” e “innoble estercolero”.

En fin, no parece que le gustara mucho. Aunque ignoramos la razón.

Sin embargo amaba las matemáticas. Según él porque “no admitían ni la hipocresía ni la vaguedad”.

Con tan sólo dieciséis años ganó el primer premio de matemáticas de la Escuela y viajó a París para ingresar en su famosa Escuela Politécnica. Un logro extraordinario.

Por desgracia Stendhal enfermó y no se pudo presentar a la prueba de acceso. Así es la vida. El hombre propone y Dios dispone.

En su 'Autobiografía' recuerda, de su época de estudiante, un supuesto sucedido con su maestro el gran matemático L. Euler que, según él, le causó una fuerte impresión. Lo he llamado, a ver si no, el problema de los huevos de Euler.

La historia de los huevos de Euler
Nos cuenta Stendhal, cuando todavía sólo era Marie-Henry Beyle, de su maestro que:

“…al llegar un día a su casa lo encontré resolviendo un problema acerca de los huevos que una campesina llevaba al mercado… Esto fue para mí un descubrimiento. Comprendí lo que significaba valerse de un arma como el álgebra pero, ¡Demonios!, nadie me lo había explicado antes…”.

Sin duda en ese cuerpo de futuro escritor habitaba ya, y también, un matemático. Pero así es la vida. Por si le interesa, en la próxima entrada les traigo el problema ovoalgebraico en cuestión.

jueves 17 de diciembre de 2009

El Síndrome de Stendhal (I)

“En 1817, el joven novelista francés Stendhal visitó la ciudad de Florencia. Nada le había preparado para la acumulación de tanta belleza.

Entró en la monumental iglesia de Santa Cruz, de repente se sintió aturdido, sufrió una ligera desorientación, palpitaciones y una intensa sensación de falta de aire y tuvo que salir.

Hoy en día, a estos síntomas se le conocen como Síndrome de Stendhal”.

Anuncio de televisión
Así comenzaba un anuncio televisivo de una conocida marca de coches, en el que se veían modelos abandonados con la puerta del conductor abierta.

Es probable que no lo recuerde, hace ya tiempo que no lo ponen. Por si es así, aquí lo pueden ver. Aunque poco importa, porque no hace al caso.



En realidad el anuncio no es que fuera especialmente brillante en sí mismo, pero tenía bastante de ingenioso y, sobre todo, de valiente.

Piense que empleaba una anécdota de un escritor del siglo XIX, para vendernos las excelencias de un coche en el siglo XXI. No me diga que no.

Se trata de una forma osada, quizás la única, de hablar de Stendhal, hoy día, en televisión. Piénselo bien.

Un anuncio de coche envuelto en arte. Casi nada. Todo un puntazo de comienzo culturizante.

Como además a la gente le dé por ir a Florencia o leer 'Rojo y Negro', entonces el acabose del remate educador. Demasiado.

O enfermar de belleza
Que es lo que viene a ser el síndrome de Stendhal. Un estado de ánimo que se manifiesta después de observar obras de gran belleza.

Especialmente si se hace en un periodo corto de tiempo y en un espacio reducido. Como una sola ciudad.

Un estado caracterizado por un cuadro clínico de angustia, confusión, melancolía, excitación, temblor, palpitaciones en el corazón, sudoración, zumbido de oídos, etcétera.

Tales síntomas fueron descritos por primera vez, en un libro de viajes 'Roma, Nápoles y Florencia' del romántico francés Marie-Henry Beyle, más conocido como Stendhal.

Al parecer, en su visita a Florencia de 1817, pasó todo un día admirando iglesias, museos y galerías de arte. Una experiencia que le dejó aturdido. Tal fue el derroche de belleza artística de la ciudad.

Atendido por un médico, éste le diagnosticó “sobredosis de belleza”. Desde entonces es el síndrome de Stendhal.

No es que sea una enfermedad, pero sí está reconocido como un trastorno médico pasajero desde 1979. Un desarreglo que suele afectar, tan solo, a una docena de personas cada año.

Por lo general son mujeres muy sensibles y perfeccionistas, de entre 20 y 40 años y que suelen viajar solas. Caución, señoras singulares.

Vade retro, Galileo
Por cierto que en la iglesia de Santa Cruz del sucedido stendhalino se encuentran, entre otras celebridades, las tumbas del gran Miguel Angel y el rebelde Galileo Galilei.

Y curiosamente no es esta coincidencia espacial, la única que comparten estos dos genios italianos. (Continuará)