(Continuación) Nuestro polígrafo llegó a escribir, incluso, un tratado sobre los submarinos de guerra si bien su objetivo principal era conseguir una nave civil que facilitara la pesca del coral y el rescate de marineros, así como la investigación y la exploración submarina.
Un claro desinterés oficial por la nave que indujo a
nuestro inventor figuerense a escribir una carta a la ciudadanía animando a una
suscripción nacional; y mire usted por donde esta iniciativa sí tuvo éxito
consiguiendo 300 000 pesetas de los ciudadanos españoles, capital con el que se
constituyó la empresa La Navegación Submarina que desarrolló el Ictíneo
II.
Ictíneo
II, 1864
Una segunda unidad homónima, con sistema anaeróbico de
propulsión a vapor, que se botó en octubre de 1864 y con la que, durante tres
años, hasta 1867, se estuvieron realizando con éxito pruebas a cincuenta metros
(50 m) de profundidad, en las que el submarino llegó a estar hasta cinco horas
(5 h) sumergido.
Entre otras innovaciones incluía tanques de lastre, peso móvil para control de trimado u optimización del rendimiento, sistema de purificación de aire y un cañón giratorio inventado por el propio Monturiol que en principio produjo un cierto interés de las altas instancias militares y gubernamentales.
Evidentemente anticipaba algunas tecnologías submarinas
futuras, un factor a su favor que sin embargo no le permitió superar el examen
oficial, quizás, por un lado por: uno, la poca capacidad como empresario del
inventor; dos, las supuestas limitaciones técnicas de la nave pues se duda de
su maniobrabilidad debajo del agua y, aunque sí podía permanecer varias horas
sumergidos a unas decenas de metros, por lo general los ensayos se hacían a
profundidades de entre dos y seis metros (2-6 m).
Tres, las presiones de algunas cancillerías extranjeras que no veían con buenos ojos que España se adelantara en el desarrollo de un arma de este tipo; claro que también pudo contar, cuatro, la desidia del propio gobierno, ¿antesala de la unamuniana frase de primeros del siglo XX “¡Que inventen ellos!”; o una combinación de ellas, que todo puede ser.
El caso es que, fuera el santo que fuese, la singladura
del Ictíneo II no llegó a buen puerto y al final: ni Armada ni Gobierno
se interesaron por el invento, la ya embargada empresa quebraba, el submarino
era desmantelado y vendido como chatarra y el proyecto quedaba arrinconado.
Únicamente quedan los escritos elaborados durante su desarrollo y que
póstumamente fueron publicados en 1891 como Ensayo sobre el arte de navegar
por debajo del agua. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.
[**] El original de esta entrada fue publicado el 22
de diciembre de 2025, en la sección DE CIENCIA POR SEVILLA, del diario digital Sevilla Actualidad.
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