viernes, 11 de marzo de 2016

José Echegaray en la Real Academia de Ciencias

A todos nos suena su nombre y algunas de sus circunstancias.

Una de ellas es que con él se inicia la corta estela (sólo siete y todos hombres) de los nobel españoles, y que comenzó en 1904 al conseguir el Premio Nobel de Literatura, “como reconocimiento a las numerosas obras que, de forma individual y original, han revivido las grandes tradiciones del teatro español”.

Un galardón que compartió con el poeta francés Fréderic Mistral.

Curiosamente de los siete (7) laureados, cinco (5) lo han sido en una única categoría artística, la de Literatura, y los dos (2) restantes en una sola científica, Fisiología y Medicina.

Una curiosidad que en nuestro caso se complementa con algo que quizás no a todos les suene.


En realidad José Echegaray y Eizaguirre (1832-1916) fue un hombre de finales del XIX polifacético, prolífico y brillante en distintas áreas de conocimiento y desarrollo profesional. No en vano fue ingeniero, dramaturgo, político, matemático y divulgador científico.

Y precisamente por su faceta científica es hoy enrocado.

Miembro de la Academia de Ciencias
El 11 de marzo de 1866, cuando contaba treinta y cuatro (34) años de edad, fue elegido miembro de la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Se cumplen por tanto hoy ciento cincuenta (150) años desde entonces.

Una elección académica que hasta donde alcanzo a saber, fue bien acogida por el mundillo científico.

No lo fue tanto, vamos, más o menos como ocurrió con el controvertido Nobel literario de unos años después, el contenido de su discurso de ingreso, titulado 'Historia de las matemáticas puras en nuestra España'.

En él Echegaray hizo un balance, negativo para algunos, tanto de la matemática española como de los matemáticos, a lo largo de la historia, en el que defendía la “ciencia básica” frente a la “ciencia práctica”.

Un viejo dilema desde que la ciencia es ciencia, que se reactivó con su discurso dando lugar a una encendida polémica. No olvidemos que además estaba la iglesia por medio.

Y no eran pocos los intelectuales que pensaban que el catolicismo ralentizaba la entrada del conocimiento y el saber europeo en España.

Entre ellos Antonio Machado y Núñez, abuelo de los poetas Manuel y Antonio, quien apenas un año después de la publicación de El origen de las especies (1859) del naturalista inglés Charles Darwin, ya enseñaba la teoría de la selección natural, desde su cátedra de Historia Natural en la Universidad de Sevilla.

Sí, el darwinismo vino a Sevilla de la mano de un Machado. Ya les he advertido en otra ocasión, que los Machado son algo más que los dos hermanos. Ya me entienden.

Por ir cerrando el tema de Echegaray, no entraré por supuesto en sus aguas literarias, pero sí me planteo traerlo a estos predios.

Cómo no enrocar a quién, nada menos que el matemático Julio Rey Pastor citó en estos términos: “Para la matemática española, el siglo XIX comienza en 1865 y lo hace con Echegaray”.

Bueno, bueno. Pues eso. Un respeto por tanto.




No hay comentarios :