En efecto, las cosas que aparecen nos hacen vislubrar las cosas no patentes.

Anaxágoras
, filósofo griego (500-428 aC)

lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Valdrá Rosetta lo que ha costado?


La entrada de hoy está relacionada con una de las puntualizaciones que han tenido la amabilidad de dirigirme al blog o, directamente, a mi correo electrónico.

Como ya habrán intuido, es una preocupación de naturaleza económica procedente del importe de la penúltima misión espacial y que ha supuesto una inversión de más de mil trescientos millones de euros (1 300 000 €).

Pero por si no es así, y sigue sin encontrarle significado al título, les sitúo.

El sustantivo Rosetta hace referencia a la misión espacial que la Agencia Espacial Europea (ESA) ha mandado al cometa 67P/Churyumov Gerasimenko (Chury para los amigos), en una nave homónima a la misión, y que portaba una sonda de nombre Philae.

Un módulo que en realidad es todo un auténtico laboratorio en miniatura. Una maravilla tecnológica.

Y los dos tiempos verbales no son más que un guiño personal a uno de mis poetas de cabecera, Antonio Machado (1875-1939), de quien este año se ha cumplido el septuagésimo quinto (75º) aniversario de su muerte. Así que tiene algo de oportunismo temporal.

Un guiño a él les decía, pero en puridad lo es a una de sus muchas obsesiones, que tanto gustaba de expresar en forma de aforismos. La de hoy: “Todo necio / confunde valor y precio”.

Bueno, pues ya está planteada la cuestión

¿Vale Rosetta lo que cuesta? porque, como es natural, hay gente que se ha posicionado a favor, mientras que otra lo ha hecho en contra. De todo hay en la viña del Señor.

En contra
Todo arranca el pasado 16 de noviembre cuando, en el diario El Mundo, apareció publicado un artículo del periodista Pedro Simón (1971), de título 'La parábola de Leonov' pero que, por intencionalidad, bien podría subtitularse: ¿Merece la pena la inversión en la Misión Rosetta?

O sea, un punto de vista en contra de las mismas, misión espacial e inversión económica.

Aunque les aconsejo que lo lean, por si no pueden ahora o no les apetece, les muestro buena parte del mismo para que se hagan una idea de por dónde van sus tiros intencionales.

Obviemos que la ‘lavadora espacial’ rebotó dos veces como un balón medicinal. Dejemos a un lado que los ganchos para anclarla no se desplegaron. No hagamos sangre con que Philae cayó en la parte oscura del cometa, vaya, y entonces no recibe luz para cargar las pilas.

Corramos un tupido velo sobre la defunción inminente de la sonda anunciada ya por los científicos. Pero no pasemos por alto lo que cayó el miércoles, con lo que está cayendo. Esto es: 1.300 millones de euros gastados exactamente para qué.
Una cosa es investigar el espacio y otra cosa es disparar con salva de rey mirando al cosmos, donde no hay ley de gravedad ni de transparencia. No es que lo diga uno (que pensaba que el bosón de Higgs era una comarca de Tolkien), sino que lo dijo Alan Stern, administrador científico de la NASA, quien un buen día dimitió harto de los dispendios de la casta de la agencia espacial: «Se desprecia el control de costos. Y no. No creo que alguna vez ocurra eso de traer muestras de Marte».
Mucho hablar del planeta rojo, pero aquí el único planeta donde vemos que hay agua brava es en Derrochistán. Porque el gusiluz languideciente de Philae es una muestra más del largo corolario de misiones donde una inversión de proporciones cósmicas no obtuvo el rendimiento esperado. El Mars Climate Orbiter costó 125 millones para acabar estrellándose. El rastreador Curiosity salió por más de 2.000. El Spirit y el Oportuniy rondaron los 800... Y así hasta el infinito y más allá.
No sé si la misión Rosetta nos ayudará a conocer de dónde venimos, pero sí que hay una cosa a la vista: sí sabemos hacia dónde vamos. (...)

Sus trayectorias, la de los intencionales tiros periodísticos, hablan de una especie de argumentario, cuando no de improperios, contra la investigación y la exploración espacial.

No. No parece que el periodista esté, en absoluto, a favor del dispendio realizado para montar, lo que él llama, una ‘lavadora espacial’ en un trozo de roca a millones de kilómetros de nuestro hogar.

Un gasto que ve del todo desproporcionado e inútil. (Continuará)



1 comentario :

Diego Arjona dijo...

He leído el artículo de Pedro Simón y no comprendo porqué lo llama la parábola de Leonov. La verdad es que no entiendo su significado en el artículo.
Le felicito por la serie de entradas sobre la misión Rosetta.