Cuando las imágenes que vemos se nos muestran ambiguas, parecen como que cambiaran ante nuestros ojos entre, al menos, dos posibilidades. Un mecanismo de defensa ante la imposibilidad.
Es como si el cerebro no pudiera decidirse en su percepción, por una de las alternativas.
El cubo de Necker es otra de esas figuras imposibles. Un clásico de este mundo.
Si empieza a verlo por un vértice parece todo normal, hasta que deja de serlo. Unas veces se está metiéndo en la página y otras saliéndose de ella. Una figura reversible.
El efecto es, cuando menos, inquietante. Así las gastan las reglas de la perspectiva. Juegan con nuestra retina y raciocinio. Ojo con las ilusiones.
Un referente cinematográfico en lo que respecta a creatividad y libertad en las aulas.
En ella se analizan las relaciones entre profesores y alumnos de un clásico centro victoriano, a través de la rompedora presencia de un innovador profesor de literatura, protagonizado por Robin Williams.
Basada en la novela homónima de N. H. Kleinbaun, tiene un importante trasfondo educativo, ideológico y político.
En ‘El club de los poetas muertos’ profesor y alumnos se mueven no sólo en la misma dirección, lo que es esperable, sino en el mismo sentido, que es lo deseable.
De esta manera el profesor les ayuda a descubrir sus propios caminos, les enseña a pensar por sí mismos y les obliga a ejercer la reflexión crítica.
Algo que, en teoría, parece inherente a la función docente pero, créanme, no es fácil de llevar a la práctica. Se lo puedo asegurar. Por desgracia, en escasas ocasiones se va mucho más allá de la enunciación de buenos propósitos.
Y no parece que influya la disciplina con la que se intente, ni el área de conocimientos en la que se desarrolle. Ciencia o Arte ofrecen por igual la misma desesperanza educativa.
A pesar de todo hay que intentarlo siempre. En Física o Historia, Matemáticas o Literatura, Biología o Música. No importa cual, pues sin ellas no hay Cultura.
Y todas están realizadas por humanos. Humanidades, por tanto.
El momento “Carpe diem”
En la película hay una escena en la que se reflexiona sobre lo efímero de la vida y la pérdida de lo único que no podemos recuperar: el tiempo. Es cuando el profesor Keating (Robin Williams), impostando una voz fantasmal, les dice lo de:
“Aprovechad el momento, chicos, porque un día, lo crean o no, todos los que estamos en esta habitación dejaremos de respirar, nos enfriaremos y moriremos. Carpe diem, no esperéis hasta que ya sea tarde para hacer que vuestra vida sea lo que puede llegar a ser...”.
Que había iniciado con:
“...el día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida”. Bueno, bueno.
Como pueden intuir, la película es algo más que la simple apreciación de un profesor enrollado, que incita a los alumnos a subirse sobre las mesas a protestar.
Para algunos, incluso es una fuente de recursos y posibilidades. Como quien dice, aprender de la película o aprender con el cine.
No sé si “Carpe diem” llega a decir tanto, pero merece la pena averiguarlo. Hay quien dice que es el tiempo la sustancia de la que estamos hechos. Puede ser, pero ¿Por qué se dice “Carpe diem”?
Que la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein no es fácil de entender, es algo que a nadie escapa. Ya cuando el sabio alemán la publicó, comenzó a circular un rumor según el cual, era tan compleja y profunda que el mismo Einstein había llegado a afirmar, que sólo tres personas en el mundo (incluido él, se supone), eran capaces de entenderla en su totalidad.
Hasta donde sé, se trata de una historia sin confirmación y apócrifa por tanto. Pero no fue la única acerca de la teórica dificultad.
Cuentan también, que en la reunión conjunta que la Royal Society y la Royal Astronomical Society celebraron el 6 de noviembre de 1919, para dar carácter oficial a las mediciones que en el verano anterior, había realizado del eclipse el profesor Arthur Stanley Eddington, y que confirmaban las predicciones de la teoría einsteniana, sucedió otra. Consecuencia de la anterior y quizás más jugosa.
Al parecer, L. Silberstein, el tercero en discordia, que asistió a esa reunión pidió la palabra en la intervención de Eddington, asombrado por la importancia de sus conocimientos relativistas. Le dijo, haciéndose eco del rumor: “Profesor, ¡Usted es sin ninguna duda uno de los tres que entienden la Relatividad General”!
Eddington permaneció en silencio durante un largo rato, por lo que Silberstein insistió: “¡Vamos, Eddington! ¡No sea modesto!”. A este envite sí respondió: “No, no. Al contrario. Estoy tratando de imaginarme quién puede ser el tercero”. Una respuesta intrigante. Y tampoco hay pruebas de que este sucedido ocurriera. Sólo se sabe que fue el propio Silberstein quien la relató, por lo que no se entiende muy bien con qué finalidad lo hizo. Me explico.
Todo apunta a que, el tal Silberstein, se consideraba a sí mismo una autoridad en relatividad general por lo que, con la pregunta, podría ir buscando la confirmación pública del astrónomo. Que él era el tercero. Vanitas vanitatis, al parecer de los clásicos. Pero, a lo que se ve, no le salió bien la jugada.
Se desconoce la intención de la respuesta de Eddington, por lo que lo mejor es no emitir opinión alguna. Lo que sí parece cumplirse una vez más, es algo ya sabido: quien pregunta lo que no debe, oye lo que no desea.
Según el DRAE, el término anagrama se refiere, tanto al hecho de transponer las letras de una palabra o sentencia, como a la nueva palabra o sentencia que resulta de dicha transposición.
Por ejemplo: amor / mora; ácida / caída; radián / anidar; anagramas / a ganar más; Salvador Dalí / Avida Dollars.
Aunque a lo largo de la historia han tenido diferentes usos sociales, los anagramas en la ciencia del siglo XVII, sirvieron para que los científicos hicieran saber a sus colegas un descubrimiento por él realizado.
Pero sin desvelarlo. Así podrían, en el momento adecuado, hacer valer su autoría.
Algún día, podrá gravarla con impuestos. Michael Faraday, científico inglés (1791-1867)
(Continuación). También iba dirigida a un político, en esta ocasión el Ministro de Economía británico, William Gladstone, quien le preguntó que para qué servían los enormes aparatos eléctricos de su laboratorio.
Que cuál sería la utilidad de la electricidad para Inglaterra.
Según parece, Faraday, le espetó lo de que no sabía exactamente para qué servirían esas máquinas, pero que estaba seguro que algún día les pondría impuestos.
Y vaya si acertó. Nada más hay que comprobar las facturas que nos mandan a casa.
También esta anécdota escenifa otra tensión social. La existente entre el desarrollo de la electricidad y los abusos políticos de los gobernantes.
¿Para qué sirve un recien nacido? Michael Faraday, científico inglés (1791-1867)
Fue la respuesta-pregunta que el científico dio al Primer Ministro británico, Robert Peel, cuando le presentó su descubrimiento sobre la inducción de corrientes eléctricas mediante campos magnéticos.
Éste, sin mucho interés por el asunto y en tono escéptico, preguntó:
- ¿Y esto para qué sirve?, a lo que Faraday se dejó caer con aquello de:
- ¿Para qué sirve un recién nacido?
No son pocos los que consideran que la anécdota no es auténtica. Puede que así sea.
Pero en todo caso, bien escenifica la tensión casi constante que habría, desde entonces, entre el desarrollo técnico de la electricidad y la desidia política que los gobernantes han sentido por ella.
Parece lógico pensar que los medios de comunicación han ser uno de los vehículos por los que nos debe llegar la información científica, divulgación de ciencia, una vez que hemos abandonado el Sistema Educativo.
Una divulgación que ofrezca a un público interesado unos conocimientos científicos mínimos, que le permitan diferenciar lo que es cierto, por estar basado en pruebas objetivas científicas, de lo que es sólo credulidad -cuando no engaño- por estar basado en evidencias subjetivas acríticas.
Lo que por desgracia no suele ocurrir a menudo. Todo lo contrario. Buena prueba es el vídeo que les traigo. Es del programa Objetivo Euskadi de ETB (10 de abril) donde "el boticario de la abuela” un tal Txumari Alfaro hacía apología de una práctica asquerosa: la urinoterapia, consistente en la ingesta de la propia orina como la mejor de las medicinas. Lo ven y después continuamos.
¿Ya? ¿Qué tal el cuerpo? ¿Interesado en conocer la verdad del asunto? Pues lean que se lo cuento en una manita.
Uni
Empezaré tirando del sentido común. Si en todos los animales, heces y orina, no son más que el residuo metabólico que queda de los alimentos tras haberle extraído sus nutrientes y energía, ¿qué sentido tiene que lo volvamos a ingerir? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué raro, no? No lo comprendo ¿Y usted?
Doli
Ahora continúo con el vídeo, pero empezando por el final. Cuando trata de darle normalidad a esta cochinada, dejando caer que todos nos hemos puesto alguna que otra vez orina en la piel. Argumento: muchas de las cremas contienen urea. Lo cual es cierto, pero yo pregunto:
- ¿Eso que tiene que ver? La urea es tan solo uno de los muchos compuestos que forman la orina, de modo que no todo lo que contiene urea es orina ¿Entonces a qué viene la asociación?
- ¿Desde cuando las cremas que se pueden aplicar en la piel, también se pueden ingerir? ¿Conoce usted alguna? Increíble ignorancia charlatana.
Trili
¿Y lo de que esta práctica parece que es frecuente en China? Poco que decir a semejante simpleza, de la que quiere inferir que es buena porque muchos chinos beben su propia orina.
En primer lugar habrá que comprobar lo que de cierto tiene dicha afirmación. Y en segundo lugar, no me vale que una acción sea buena por el mero hecho de que, supuestamente, la haga muchas gentes. No me pidan que les ponga ejemplos, por favor.
Catoli
Respecto a la afirmación de este charlatán del pis, de que una pócima hecha con orina y manzana, es la base química de la anestesia, y que eso está escrito en los libros de historia de medicina, yo la verdad, tengo que decirles que no la he encontrado en ninguno, ni en ningún sitio. Ni el menor rastro del "pis anestesiador".
Sí he encontrado los que hablan de Horace Wells y el uso que, en la década de 1840, hizo del llamado “gas de la risa”, óxido de nitrógeno(I), N2O. Lo que todo el mundo sabe, vamos. Lo que les dije, un charlatán ignaro e indocumentado.
Quili
Ya acabo, y lo hago por el principio del vídeo. Donde este autollamado curandero dice que I. Ghandi era un asiduo de esta práctica, lo que es un argumento a favor de esta terapia dado que, no en vano, ganó un Premio Nobel.
Es evidente que pretende darle crédito a la práctica y, dicho así, parece que lo consigue. Pero, claro, se me ocurren tres objeciones:
- No hay ninguna prueba de que Gandhi ingiriera su orina; es por tanto una afirmación gratuita. - Ghandi nunca recibió el Premio Nobel, ni siquiera por beberse su agüita amarilla. No hay más que consultarlo, y aunque lo fuera, - ¿Por qué extraña razón, todo lo que haga un Premio Nobel ha de ser bueno? ¿Y si además es cleptómano, pederasta, alcohólico o drogadicto? ¿El hecho de ser Nobel hace buenos esos hábitos? Usted mismo.
Tres reflexiones para acabar
¿Se puede ser tan ignorante, mostrenco e ilecto como parece serlo el tal Alfaro? O acaso no lo es y…
¿En qué estaba pensando la periodista cuando oía esas respuestas? O no pensaba…
¿Cómo es posible que una televisión pública dedique nuestro dinero a programas semejantes? ¡Qué banda, Señor!
14) Nuestra galaxia se llama Vía Láctea, a ella pertenece la estrella que llamamos Sol, a cuyo sistema, el Sistema Solar, pertenece nuestro planeta.
Si cada estrella de la Vía Láctea tuviese el tamaño de un pequeño grano de sal, entre todas podrían llenar una piscina olímpica ¡Como para calcularlas!
15) Si nuestra estrella fuese del tamaño de un balón de playa, Júpiter, nuestro planeta más grande, tendría el tamaño de una pelota de golf y la Tierra sería tan sólo un guisante.
Y no es el más pequeño, detrás de ella están: Mercurio, Venus y Marte (Plutón no se cuenta entre los planetas solares. Ya conocen la última movida al respecto).
16) Si el Sol fuese como una moneda de 50 céntimos de euro (unos 2,5 cm de diámetro), la estrella más cercana se encontraría a 716 km de distancia. Como de Sevilla a …
17) El astro tarda aproximadamente doscientos veinte millones (220 000 000) de años en completar una vuelta alrededor de la Vía Láctea. Casi nada comparado con lo ya ha hecho nuestro programa de radio más antiguo emitido (1930), que ha viajado a través de cien mil (100 000) estrellas.
18) Dentro de cinco mil millones (5 000 000 000) de años nuestro astro se quedará sin combustible y se convertirá en una gigante roja.
Lo que no es de extrañar dado que en su núcleo, cada segundo seiscientos millones (600 000 000) de toneladas de hidrógeno (H2) se convierten en helio (He).
Será el fin de este tipo de vida que conocemos en la Tierra.
En el cielo
19) Parece que la reacción de fusión solar va rápida, pero no se preocupe. Por suerte ni usted ni yo lo veremos. Pensar lo contrario es una utopía.
Además de eso, Utopía es una gran superficie plana de Marte. Cuya superficie, por cierto, es del mismo tamaño que el área de todos los continentes de la Tierra juntos.
20) Alrededor de mil billones (1 000 000 000 000 000) de neutrinos procedentes del Sol habrán atravesado su cuerpo mientras lee esta frase. Neutrinos que por cierto ya han sobrepasado la Luna, así que ojo que ya están aquí. Y no es una forma de hablar.
21) Una Luna que está cuatrocientas (400) veces más cerca de la Tierra que el Sol y es, exactamente, cuatrocientas (400) veces más pequeña que éste. Por eso parecen tener el mismo tamaño en el cielo. Una ilusión óptica.
22)Saturno es tan poco denso que flotaría si tuviéramos un océano lo suficientemente grande donde echarlo. Venus es así de brillante a causa de su gruesa capa de nubles que refleja al sol. Y Europa, la luna de Júpiter, está completamente cubierta de hielo.
Entre el cielo y la Tierra
23) En la actualidad más de cuatro mil (4 000) satélites orbitan nuestro planeta.
Amén de los más de 10 000 objetos elaborados por el hombre, con un tamaño mayor que el de una pelota de baloncesto.
Una especie de basura espacial que viaja a través del espacio a unos veintinueve mil (29 000) km/h.
Menos mal que ya se va imponiendo el ecologismo sideral.
24) La velocidad más rápida alcanzada por las actuales naves espaciales humanas es de unos sesenta y cinco mil (65 000) km/h.
A ese ritmo los actuales cohetes tripulados tardarían setenta mil (70 000) años en llegar a las estrellas más cercanas. Toda una vida. O dos.
25) Los astronautas no pueden eructar porque la ingravidez impide la separación de líquidos y gases en sus estómagos. Un problema no crean.
(Continuación) No es raro que escuchemos o leamos algún que otro oxímoron al día. Lo utilizan hasta los políticos, no les digo más. Pero tengo para mí que esto es algo más que una moda lingüística.
Como cuando le dio a la gente por decir lo de “bestial” o “absurdo”, sin por eso referirse ni a la zoología ni a Ionesco. No.
Algo más que una moda
Creo que la popularidad del oxímoron deriva de lo que de contradictorios tienen los tiempos que vivimos. Tiempos alejados de esas ideologías que pretendían reducir las contradicciones e imponer una visión unívoca de las cosas ¿Quiere unos ejemplos?: ‘Realidad virtual’, o sea la ‘Nada concreta’. O ‘Inteligencia artificial’. Sin olvidarnos de ‘Cerebro electrónico’.
Terrible oxímoron si por cerebro se entiende esa masa viscosa que tenemos en la caja craneal. Comprenderán de mi ‘desesperada esperanza’ ante la ‘Alianza de Civilizaciones’.
También está el de ‘bombas inteligentes’ que puede no parecerlo, pero sí es un oxímoron. Las bombas caen donde las arrojan, son estúpidas. Es un ‘insensato sentido’. Claro que hablando de armas e insensatos me vienen a la mente los políticos y el de ‘convergencia paralela’. Y si los unimos, armas y políticos, el de ‘fuego amigo’. Genial, si pensamos que los disparos lo hacemos para dañar al enemigo. De ahí lo de “al suelo que disparan los nuestros”, digo yo.
Están por todos lados
Sí. El recurso a esta figura retórica es muy frecuente. Por ejemplo en la poesía, sea mística o amorosa. ‘Oh, mundo inmundo’, ‘Ayer naciste y morirás mañana’ (Luis de Góngora y Argote); ‘Que tiernamente hieres’, ‘La música callada’ (San Juan de la Cruz); ‘Es hielo abrasador, es fuego helado, es herida que duele y no se siente...’, ‘Lo fugitivo permanece y dura’ (Francisco de Quevedo); ‘Ir y quedarse, y con quedar partirse...’ (Lope de Vega).
Por supuesto que en el político tampoco faltan: ‘Aldea global’, ‘Agricultura ecológica’, ‘Desarrollo sostenible’, ‘Déficit cero’, ‘Prohibido fijar carteles’, ‘Paz armada’, ‘Guerra preventiva’, ‘Golpe institucional’, ‘Ejercito pacificador’, ‘Inteligencia militar’, ‘Guerra santa’. Poco más. Que menos es más. Casi, seguro. Sí, pero no.
Por cierto, antes de que se me olvide, para su denominación se utiliza también el latinismo ‘contradictio in terminis’ y, en latín, conocemos varios: ‘formosa deformitas’, ‘concordia discors’, ‘festina lente’. Bellísimos.