No me podéis expulsar ¡Yo soy el surrealismo!

Salvador Dalí
, pintor surrealista español (1904-1989)

martes, 23 de diciembre de 2014

ATCV-1, estupidez y culo (de la Kardashian)


Llegado a este punto del tema estulto, conviene que pongamos algunos puntos sobre las íes. Y hacerlo empezando por el final de la entrada anterior, ¿es preocupante su existencia?

¿Es preocupante la existencia del ATCV-1 en los humanos?
Pues no. Quédese tranquilo. Hasta donde sabemos no lo es, ni cuantitativa ni cualitativamente.

No es preocupante la existencia de este clorovirus desde el punto de vista cuantitativo, ya que sus efectos consisten tan sólo en un decremento pequeño de la percepción visual y su respuesta motora.

Y tampoco lo es desde el cualitativo porque, además de los clorovirus, puede que haya otros microorganismos que afecten a las habilidades cognitivas y los comportamientos de las personas. Y no nos vamos a preocupar por todos. No podríamos aunque quisiéramos.


La realidad es que el cuerpo humano contiene miles de millones de estos microorganismos -entiéndase bacterias, virus y hongos-, y la gran mayoría son inofensivos. Sólo algunos pueden ejercer un impacto negativo sobre nuestra salud.

Porque tampoco es cuestión de demonizar a los virus en general. Ni siquiera a éste. Resulta que el ATCV-1 no es el único que causa esos efectos en quienes lo contraen. Por ejemplo el virus del herpes es uno de ellos.

Lo cierto es que cualquier organismo capaz de atacar el sistema nervioso central de los seres humanos, puede ocasionar los mismos efectos. Así que, a lo mejor, no toda la estupidez proviene del clorovirus.

Sepan por otro lado que estas pequeñas cápsulas que son los virus -con material genético en su interior, unos microorganismos mucho más pequeños que las bacterias-, también son los causantes de infecciones tan comunes y familiares como el resfriado común, la gripe y las verrugas.

Y de enfermedades tan graves como el VIH / SIDA, la viruela y las fiebres hemorrágicas. Así que todo hay como en botica, nunca mejor traído.

Puntadas, flecos y cabos
En lo que respecta a la propia investigación que nos trae, a todas luces es evidente que le quedan muchas puntadas por dar, flecos que hilvanar y cabos sueltos por atar.

Uno de ellos está vinculado con su papel en la infección. Existe la posibilidad de que el ATCV-1, aparte de infectar a las algas, haga lo propio con cualquier otro microorganismo y que sea éste en realidad, el vehículo de acceso del virus al ser humano.

Otro guarda relación con la localidad donde se lleve a cabo la investigación, porque: ¿Se ha encontrado este virus en otros lugares?

Pues sí. Resulta que la infección con clorovirus ha sucedido en otros lugares fuera de Baltimore. Aunque parece ser que en estos casos, no se han logrado determinar, hasta ahora, efectos medibles de la infección ¿Por qué?

Tras lo dicho, a nadie escapa que faltan estudios por realizar. Hay que abrir nuevas líneas de investigación que nos aclaren, lo que de verdad subyace en este tema. Porque puede tener su importancia.

Estoy pensando, por ejemplo, en operarios como los de la industria pesquera o los que trabajan cerca de grandes masas de agua que, quizás, requieran de medidas precautorias extras de salud. Prevenir antes que curar.

De lo material a lo intelectual
Así que, dado que quedan estudios por realizar, y los que existen no son en absoluto concluyentes, lo razonable es que no cunda el pánico. Ni público ni privado.

De modo que en lo material, tranquilo en lo que respecta a resultar infectado. Este virus es muy, muy, poco contagioso.

Y en lo intelectual sepa que si lo contrae, no es usted responsable de ello. De hecho es tan inocente de contraer el ATCV-1, como lo es de contraer el de la gripe o influenza. Aunque ya lo sabe, hay una diferencia entre sus efectos.

El constipado del segundo es inocuo y pasajero, mientras que la estupidez del primero es para siempre.

Ya dijo algo al respecto Albert Einstein, aunque se equivocaba. Tanto en lo del (infinito) universo como en lo de la estupidez (humana).




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