Creer es aceptar, pero hay que seguir pensando.

Agustín de Hipona o San Agustín, Padre de la Iglesia (354–430)

viernes, 17 de mayo de 2013

Kikirikiiiiiiii o ¿por qué canta así el gallo al amanecer?


Es una de esas preguntas, en apariencia sencilla, que nada más oírlas nos enganchan. Y al oírla, todos pensamos lo mismo. Pues es verdad, ¿por qué canta así el gallo al amanecer? Kikirikiiiiiiiiiii.

Y la respuesta no es que sea muy difícil, aunque tiene su aquél. Pero es que la pregunta, formulada así, viene con trampa. No, bien dicho, con trampas porque son dos.

En primer lugar han de saber que, en realidad, el gallo canta a cualquier hora y repetidas veces a lo largo del día. Y en segundo, la onomatopeya con la que se representa su sonido, kikirikiiiiiiii, no es el mismo en todos los lugares. No es lo mismo aquí que en Japón, por poner un ejemplo.

Pero vayamos por parte.

El gallo canta a cualquier hora, y repetidas veces, a lo largo del día
Aunque eso sí, casi nunca lo hace de noche. Y cualquiera que lo observe con detenimiento lo podrá constatar. Entonces caerá en la cuenta de que lo que ocurre es, que se oye con más fuerza y claridad en el silencio del amanecer. Pero que cantar canta, durante casi todo el día.

Bien, ¿pero por qué lo hace?

Lo cierto es que no parecen faltar razones, más o menos fundamentadas, para explicar dicho motivo y de diferentes naturalezas. La primera es quizás la más pretenciosa: el gallo canta para que salga el Sol. Ni más ni menos. Su naturaleza es artística, originariamente, teatral.

La segunda tiene más base científica. Nos llegará de la mano de la Biología y viene a ser una cuestión de poder, autoridad y jerarquía animal.

La tercera es también científica. Pero ésta guarda más relación con otros campos de conocimientos como el Electromagnetismo y una serie de supuestas reacciones bioquímicas. Empecemos.

‘Chantecler’ 
Ése es el título de la obra teatral estrenada en 1910, cuyo protagonista principal es un viejo gallo que cree que es él, con su canto, quien hace salir al Sol todas las mañanas.

Una idea que comparten todas las gallinas del gallinero que lo respetan y admiran por ello. Es, por tanto, el vanidoso rey de su gallináceo reino.

La situación se complica cuando, cierta mañana, se queda dormido y con asombro descubre que el Sol ha salido, sin que él haya cantado. Algo impensable e imposible, pero es así. La diaria salida del astro no tiene nada que ver con él.

Es el principio del fin, de su fin. Adiós respeto, trono y vanidad. Una cura de humildad en toda regla.

‘Chantecler’ es quizás la obra más más polémica del dramaturgo neorromántico y poeta francés Edmond Rostand (1868-1918), mundialmente famoso por su conocida obra ‘Cyrano de Bergerac’ estrenada en París unos años antes, en 1897.

La ironía de esta idea del gallo Chantecler, de cantar cada mañana para que se despierte el Sol, radica en que es compartida, aunque con variantes, por no pocos de los humanos. Aquellos que piensan que el Sol sale para ellos, tan importantes se sienten.

Pero como el gallo están equivocados. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

De hecho, una acepción del término gallo o gallito es la de hombre (sí, no parece que esta distinción esté asociada a la mujer) que presume excesivamente de sus cualidades, especialmente de su fuerza o su valentía.

Gallos y veletas
Pero no es ésta la única representación y simbología de la figura del gallo. Seguro que se ha dado cuenta.

En muchos campanarios de iglesias y demás edificios religiosos, incluso en el tejado de algunas casas particulares, podemos observar que hay instaladas unas veletas.

Ya saben, ese artilugio que nos indica hacia dónde se dirige el viento con forma de cruz horizontal y que marca los cuatro puntos cardinales.

Pues bien, curiosamente, la mayoría de estas veletas están adornadas con un gallo encima ¿Por qué? ¿Cuál es el significado y origen de esta costumbre? ¿Qué hace un gallo encima de la veleta?


1 comentario:

Anónimo dijo...

¿De dónde saca estos temas me parecen de lo más curioso