El miedo a las alturas es ilógico.
El miedo a caer, por otro lado, es prudente y evolucionista.

Dr. Sheldon Cooper, personaje de ficción de la serie The Big Bang Theory.

sábado, 10 de enero de 2015

Vicisitudes del Apolo 12


(Continuación) Por si esto no fuera suficiente, veinte segundos (20 s) después, un nuevo rayo impactaba contra la nave, inutilizando otros sistemas e indicadores como el de altitud y los giroscopios.

Es decir que durante unos angustiosos segundos, los astronautas se desplazaban a más de mil seiscientos kilómetros por hora (1600 km/h) sin tener ni idea de en qué dirección lo hacían.

Por suerte ese recorrido a ciegas lo hicieron en la trayectoria correcta, ya que los sistemas de navegación del enorme cohete Saturno V no se habían visto afectados por la descarga eléctrica.


Además, pocos segundos después, los ingenieros de tierra consiguieron reiniciar los ordenadores del módulo de mando, por lo que todo parecía estar de nuevo bajo control. Buenas noticias por tanto.

Bueno, buenas hubieran sido del todo, si no fuera por un detalle.

Resulta que los datos de telemetría que recibían desde la nave eran incongruentes y carecían de todo sentido. Nadie comprendía nada y lo peor es que, en esos momentos, se desconocía la causa de esos falsos datos.

Ni que decirles tengo que, conforme los segundos pasaban la situación se hacía más y más crítica.

Tanto que, incapaces de interpretar los datos erróneos y solucionar la causa que los originaba, en el centro de control se plantearon la posibilidad de abortar la misión. Algo más fácil de decir que de llevar a cabo, sin poner en peligro la vida de los tres astronautas que viajaban a bordo.

Aunque les resulte difícil de creer, y a pesar de los innumerables entrenamientos realizados, lo que sucedió en esa ocasión no estaba previsto en el plan de formación de la misión.

Así que nadie sabía qué hacer, cuando se encendieron las alarmas y luces de emergencias dentro de la nave, como consecuencia de los impactos de los dos rayos.

Bueno, nadie no.

Afortunadamente para ellos, en control de tierra estaba presente un joven ingeniero, John Aaron, que años atrás en un simulador del Centro Espacial Kennedy había presenciado un problema similar.

Recordó cómo en una de las sesiones de entrenamiento, el sistema eléctrico y la plataforma de navegación del módulo de mando se venían abajo, a la vez que se encendían todas las alarmas y luces de emergencia dentro de la nave. Y sobre todo recordaba cómo se solucionó.

En realidad era muy sencillo. La solución se encontraba en un botón del módulo de mando de la nave, del que los astronautas y la mayoría de los especialistas del Centro de Control de Misión de la NASA desconocían su existencia.

Se trataba del botón SCE que había que colocar en posición auxiliar.

Pero como ni siquiera habían oído hablar de él, cuando se les comunicó a los astronautas su existencia, éstos respondieron con un incrédulo y escueto “¿Qué?”.

Parece ser que el joven Aaron tuvo que repetir “SCE”, “SCE”, varias veces antes que el comandante de la misión le confesara: “¿Qué coño es el botón SCE y dónde está?”.

Como ya se imagina, encontraron y accionaron el dichoso botón, con lo que se restableció la corriente eléctrica del módulo de mando, progresivamente se normalizó la situación y se pudo continuar, bajo control, el viaje rumbo a la Luna.

Otro problema resuelto. Pero no acabaron aquí las contrariedades del Apolo 12.

Una vez en la superficie del satélite ocurrió otro incidente, esta vez protagonizado por uno de los tripulantes, Alan Bean. Como él mismo ha declarado en más de una ocasión:

“Conseguimos hacer lo que habíamos planeado para este vuelo. En la Luna, sin embargo, yo apunté la cámara de televisión accidentalmente hacia el Sol, cosa que no debería haber hecho.

Estoy seguro de que me dijeron que no se podía pero supongo que lo olvidé. Esta fue una decepción para mí de esta misión, no tener retransmisión de televisión por mi culpa.

En cualquier caso, hicimos nuestro trabajo, volvimos vivos a casa e hicimos el primer alunizaje de precisión, una capacidad que teníamos que demostrar para que misiones posteriores pudieran alunizar cerca de montañas, de grietas, o de cualquier otra cosa, así que nos sentimos contentos de formar parte de Apolo y de hacer nuestra aportación al progreso de la exploración espacial”
.


(¿Continuará?)

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