Hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo
(6 de septiembre de 1522).

Carta de
Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I desde Sanlúcar de Barrameda

sábado, 24 de mayo de 2008

Científicas ignoradas por el Premio Nobel

Nacieron en el siglo adecuado y algunas vivieron hasta los años necesarios.

Dos requisitos que nidos a sus indudables méritos científicos, las hacían acreedoras al laureado galardón.

Pero por desgracia, no fue así en sus casos. Reunían las condiciones necesarias, mas no las suficientes.

A ellas, el parentesco sanguíneo o político, la jerarquía profesional o académica y las costumbres sociales, sí le arrebataron el premio.

Aunque en ellas su pasión por averiguar y conocer fue más fuerte que la propia familia, los compañeros o la sociedad. Y con sus descubrimientos hicieron avanzar las fronteras de las ciencias. Eso no bastó.

Fueron ignoradas por el Premio Nobel y hoy son pocos los que las recuerdan.

Y es que hay recuerdos que nos bloquean.

La búsqueda de la verdad
Es cierto que ahora, los nombres de aquellas mujeres que han contribuido al desarrollo científico, ya no son ignorados ni silenciados.

También lo es que algunas de ellas, once en concreto, han recibido el premio Nobel por sus investigaciones.

Pero la carrera del Nobel estuvo y está sembrada de obstáculos de diversa índole, cuando se trata de concederlo a las mujeres. Y en el camino quedaron algunas perdedoras.

Un colectivo de mujeres de gran valía humana e importante y meritoria labor científica, que han sido injustamente valoradas. Su autoría no ha sido reconocida por nadie.

Ni por sus compañeros en su momento, ni por la sociedad con posterioridad. Un ninguneo profesional que les privó de recibir el Premio Nobel para el que, está demostrado documentalmente, tenían valía y méritos más que sobrados. (“La búsqueda de la verdad debe estar guiada por la ética”). A veces los recuerdos nos mortifican.

Casi siempre por lo mismo
Las circunstancias que dieron lugar a tal despropósito, fueron casi siempre las mismas.

En unos casos, porque trabajaron a la sombra de sus padres, hermanos o maridos. En otros, porque sus logros fueron adjudicados a sus jefes o maestros. Y en esotros, porqué no decirlo, porque se lo robaron directamente.

En cualquiera de ellos, y fuera el motivo que fuese, lo cierto es que han quedado en el recuerdo como el grupo de “las científicas invisibles”.

Mal que nos pese, sigue vigente la vieja máxima: "una mujer tiene que ser el doble de buena que un hombre, para llegar la mitad de lejos que él".

Aquí una pequeña representación, en orden cronológico, de estas mujeres científicas, al decir de Manuel Altolaguirre, el poeta malagueño, “algo olvidaditas”.

Hay también, en la vida, recuerdos que nos estimulan.

Científicas invisibles
Lise Meitner, física alemana (1878-1968), a quien A. Einstein se refería como “Nuestra madame Curie”. No en vano es una de las científicas más brillantes de Alemania.

Rebeca Gerschman, bioquímica argentina (1903-1986). Una indiscutible candidata al Premio Nobel de Fisiología y Medicina durante los años ochenta. Pero no lo consiguió.

Eugenia Sacerdote De Lustig, (1910) médico italiana que tuvo que emigrar a Argentina. Es prima de Rita Levi Montalcini. Sí, la Premio Nobel en Fisiología y Medicina de 1986.

Cada domingo las dos nonagenarias primas, Rita es dos años mayor que Eugenia, hablan por teléfono. De ella es la cita de la búsqueda de la verdad.

Chien-Shiung Wu, física china (1912-1997). Sin duda es una de las mujeres más sobresalientes en Física.

Se solían referir a ella con el título de ‘Madame Curie de China’, lo que no impidió que la discriminaran por ser mujer.

A ella, que pensaba que: “La física no es sólo un trabajo, es una forma de vivir”.

Rosalind Franklin, química-física inglesa (1920-1958). A pesar de estar considerada como la Madre de la Genética y ser la autora de la definitiva ‘Fotografía 51’, por arte de birlibirloque se vio desprovista del Nobel.

Algunos dicen que fue porque se murió antes. Hipócritas.

Susan Jocelyn Bell, astrónoma inglesa (1943). Nadie duda hoy que fue Susan la verdadera descubridora de los Púlsar.

La hipótesis alternativa de los LGM (Little Green Men, Hombrecillos Verdes), y que por tanto merecía también el Premio Nobel.

Pero no fue así.

No parece que esté suficientemente enterrada la arrogante frase, atribuida al físico R. Oppenheimer: “La mujer nunca levantará cabeza en la ciencia de las estrellas”.

Si nos atenemos a las estadísticas, no andaba descaminado el padre de la bomba nuclear.

Por supuesto que a la Bell no le han faltado premios y reconocimientos a su labor. Pero...

3 comentarios :

Laura dijo...

Me gustan estos artículos sobre la mujer científica.

Carlos Roque Sánchez dijo...

Me gusta que le gusten Laura. Gracias por su comentario.
Hasta el próximo.

Anónimo dijo...

ya no escribe artículos sobre mujeres científicas