viernes, 6 de noviembre de 2026

Partones y cuarks

(Continuación) Con mis disculpas por la dejadez, ha pasado más de un mes, retomo el polifacético tema de los partones con una ¿última? aproximación a los mismos. Y es que estoy convencido de que usted, si es experto en física atómica/nuclear o le gusta la temática y ha leído al respecto, ya habrá caído en la cuenta de lo que le voy a contar. 

Partón de Feynman

Es el término acuñado en 1969 por el físico teórico estadounidense Richard Feynman (1918-1988) para denominar, de manera genérica, las partes que conforman las partículas fundamentales que conocemos como protones y neutrones (hadrones) cuando se les observa a través de experimentos de dispersión inelástica profunda a gran, gran, gran, velocidad.

Ya sabe, aquellas colisiones de alta energía que se producían a finales de los años 60 en el Acelerador Lineal de Stanford (SLAC), donde los electrones parecían rebotar contra objetos duros y puntuales existentes dentro del protón en el núcleo atómico.

Algo sorprendente, como si esta partícula subatómica, cuya identificación se atribuye a Ernest Rutherford (c. 1917-20) y de carga positiva, no fuera una esfera sólida, que es lo que se pensaba, sino que contuviera objetos más pequeños.

Quiero decir que un partón no es una nueva partícula elemental sino, más bien, un concepto físico; un término más amplio que engloba a cualquier constituyente interno del protón cuando se observa su comportamiento sometido a muy altas energías.

Modelo de partones

Y que el físico incluyó en su modelo teórico (“parton model”) con el que pretendía explicar las causas de dicho comportamiento; el mismo que había concebido y presentó en agosto de 1968 durante una visita al SLAC, en la 3rd International Conference on High Energy Collisions en Stony Brook

Lo hizo en la 3rd International Conference on High Energy Collisions en Stony Brook, y el trabajo fue publicado en 1969 en el artículo «The Behavior of Hadron Collisions at High Energies» de la revista Physical Review Letters (Vol. 23, Núm. 24, pp. 1415–1417).

Por cierto, sólo cinco meses después tenía lugar el primer hollamiento lunar -sin cordón umbilical que aportara oxígeno (O2), electricidad, comunicación verbal y seguridad- a cargo de los astronautas estadounidenses N. Armstrong y B. Aldrin en la misión Apolo 11 de la NASA.

Todo un hito espacial que tuvo un punto, esperemos que solo sea seguido, en diciembre de 1972 con la misión Apolo 17 y protagonizado por el comandante Eugene Cernan, último ser humano en hollar la Luna desde entonces. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas. 


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