domingo, 1 de noviembre de 2026

Octubre, 2026. Segundo cambio horario (y 6)

(Continuación) Le recuerdo los planes auspiciados por la Comisión Europea y el Parlamento de Estrasburgo (UE) de acabar con ellos en 2026, o eso decían, porque antes debe haber un pacto entre los veintiocho gobiernos que por ahora no existe, así que toca esperar.

El caso es que el pasado domingo repetimos la medida que España, como otros países, introdujo en 1974 durante la primera crisis del petróleo a fin de ahorrar energía, y que la UE desde 1980 obliga a aplicar a todos sus socios.

De ser así, para los que escojan quedarse con el de verano, el último cambio habría sido el del 29 de marzo de 2026, mientras que para los que se hayan decantado por el de invierno, esos, habrán fijado su hora definitiva en estos días.

Es lo que estaba establecido, pero ya veremos. ‘Demos tiempo al tiempo: para que el vaso rebose hay que llenarlo primero’, Antonio Machado.

¿Qué hemos escogido nosotros?

Yendo al terreno patrio, ni idea de con cual nos quedaremos porque la cosa no está nada clara; por lo que tengo leído, mientras los legos en este campo de conocimiento han votado que prefieren quedarse con el de verano, más o menos, los que sí tienen formación en la cosa ésta, los expertos vamos, recomiendan que sea el de invierno, también más o menos.

De modo que tenemos una especie de “saber popular” frente a una “ciencia académica” que ya veremos en qué queda. En otro orden y como recordará de los tiempos bachilleres, desde el punto de vista geográfico España está ubicada en el huso GMT+1 coincidiendo con la mayor parte de Europa, excepto Reino Unido, Irlanda y Portugal, que se mantienen en el GMT+0.

Una adscripción que marca desde 1940 la hora oficial española, adelantada en sesenta minutos a la hora universal, quiero decir el tiempo universal coordinado o UTC. Estas cosas pasan.

Lo de la disparidad de pareceres nacionales no es de extrañar pues, aunque por latitud en España las horas de sol son relativamente parecidas (unas diez en invierno y, algo más, unas catorce en verano), hablando en términos de longitud la cosa cambia.

Y lo cierto es que no amanece o anochece a la misma hora en el este que en el oeste, pudiendo haber más de una hora de diferencia de un extremo al otro lo que, estará conmigo, se trata de un periodo de tiempo que no es poco y al que hay que tener en consideración.

Ya le escribí de estas diferencias horarias en “De amaneceres y atardeceres” hace una semana y no, no es fácil decantarse por una respuesta. En cualquier caso será una elección que España, como los demás países, tendrá que comunicar a Bruselas, al menos en teoría, antes de octubre del 2026.

Pero no parece que vayan por ahí los tiros... ‘Tempus fugit’ ¡Qué trabajos nos manda el Señor!

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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