El miedo a las alturas es ilógico.
El miedo a caer, por otro lado, es prudente y evolucionista.

Dr. Sheldon Cooper, personaje de ficción de la serie The Big Bang Theory.

viernes, 30 de octubre de 2015

Factoría de electricidad y Oersted

De más atrás porque, en realidad, todo había empezado unos diez (10) años antes.

Cuando su amigo, el químico británico Richard Phillips (1778-1851) -miembro de la Royal Society desde 1822, que había sido editor de los Annals of Philosophy y a la sazón y desde 1927, hacía lo propio con el Philosophical Magazine-, le pidiera que se interesara por el experimento del físico y químico danés Christian Oersted (1777-1851).

Así fue como Faraday comenzó su investigación en el electromagnetismo, estudiando la serendipia de Oersted.

Y del serendípico experimento de Oersted, decirles lo que aprendimos en el bachillerato.

Ya saben. Según cuentan, quiso el azar que este físico danés descubriera en 1820, que la corriente eléctrica (cargas en movimiento), producía un cambio en la orientación de una brújula próxima a ella, tendiendo a colocarla siempre normal (perpendicular) al cable, y en un sentido u otro según el de la corriente.

La brújula y la corriente eléctrica
Es decir, que una corriente eléctrica produce el mismo efecto que un imán: hace desviar la dirección de su aguja; en terminología más actual: las corrientes eléctricas producen campos magnéticos.

Un gran paso interpretativo pues viene a significar que los fenómenos magnéticos, las interacciones magnéticas, no están relacionadas con los fenómenos electrostáticos, las interacciones electrostáticas.

Luego no existe relación entre el Magnetismo y la Electrostática. La relación está con la Electrodinámica o corriente eléctrica, en definitiva, con los fenómenos eléctricos. Es a partir de este momento cuando se deja de hablar de Magnetismo y se hace de Electromagnetismo.

Del experimento de Oersted significamos entonces que los fenómenos magnéticos están relacionados con las cargas en movimiento, pues éstas producen campos magnéticos y ejercen por tanto fuerzas sobre imanes.

Y por esa concepción de la simetría que tenemos los humanos para todo lo que nos rodea, debió surgir la idea en la mente de Phillips y que, de alguna forma, trasladó a Faraday.

Si las cargas eléctricas en movimiento interaccionan con los imanes y, como después se descubrió, los campos magnéticos ejercen fuerzas sobre la corriente eléctrica, demostrando así una relación insospechada hasta entonces.

Si esto era así, el paso siguiente era una obviedad. Si la corriente eléctrica produce magnetismo, ¿por qué no el proceso contrario y producir corriente eléctrica a partir de magnetismo?

Inducción electromagnética
Se inicia así un camino por el que se desarrollaron las investigaciones del momento y que culminaron en 1831 cuando, Joseph Henry (1797-1878) en Estados Unidos y, de manera independiente, M. Faraday en Inglaterra, pusieron de manifiesto que un campo magnético variable con el tiempo era capaz de producir corriente eléctrica y por tanto campos eléctricos.

En el estudio de este fenómeno conocido como inducción electromagnética -generación de una corriente eléctrica (corriente inducida) en un circuito como resultado de la variación de un campo magnético-, cabe destacar también la aportación del alemán Heinrich Lenz (1804-1863).

Y hecho este reconocimiento testimonial de méritos científicos, a cada cual lo suyo, decirles que durante diez (10) años Faraday trató, infructuosamente, de producir corriente eléctrica por medio de campos magnéticos constantes.

En concreto, en su laboratorio londinense, comprobaba si el magnetismo que se produce en una bobina era capaz de generar (inducir) corriente eléctrica en otra bobina.

Y para su desesperación, las experiencias que montaba, fracasaban una tras otra.




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